Fases lunares

En este ensayo se analizan las ocho fases lunares tomando la astrología clásica y tradicional, erudita, así como la astrología kármica y la astrología psicoevolutiva.

Las ocho fases lunares nos indican, en el ciclo de 28 días, la cantidad de luz que muestra el satélite en su relación con el Sol, pues carece de luz propia. La visión de la luz dependerá de la situación: hemisferio norte o hemisferio sur.

El hemisferio norte comprende Europa, Norteamérica, Centroamérica y la parte septentrional de Sudamérica. El Ártico, casi toda Asia, gran parte de África y algunas islas menores de Oceanía.

Las estaciones del año se producen de forma inversa. En el hemisferio norte el verano se extiende entre los meses de junio y septiembre, y el invierno entre diciembre y marzo, siendo al revés en el hemisferio sur. Del mismo modo sucede con las fases lunares, pues la Luna aparece “al revés” en comparación con una vista desde el hemisferio sur.

El Polo Norte está orientado hacia fuera del centro galáctico de la Vía Láctea, lo cual se traduce en un número inferior de estrellas visibles en el hemisferio norte si lo comparamos con el hemisferio sur. Por ello, el hemisferio norte es más idóneo para la observación del espacio profundo, ya que no está “cegado” por la Vía Láctea.

Fases lunares vistas desde el hemisferio norte. 

Fases lunares vistas desde el hemisferio sur. 

El ojo está pobremente entrenado para mirar el cielo. Aunque teóricamente sabemos que en una noche despejada podemos divisar a Júpiter sin necesidad de un telescopio, la mayoría de nosotros apenas re-conocemos a Venus. No obstante, lo que nunca pasa desapercibido a nuestros ojos son el Sol y la Luna, los cuales, al mismo tiempo, manifiestan y simbolizan las energías básicas de nuestro mapa natal.

Muchos calendarios se imprimen con la información de las fases de la Luna (aunque a veces no sabemos interpretarlos). Las ocho fases lunares del ciclo de veintiocho días representan la relación que se desarrolla entre el Sol y la Luna durante dicho mes. La Luna influye sobre en las mareas y los fluidos corporales, así como en la siembra y cosechas y algunos fenómenos atmosféricos y geográficos. El ser humano está compuesto por más de un setenta por ciento de agua, por lo que si extrapolamos el influjo lunar del satélite a un nivel personal, este adquiere una vital importancia.

En términos astrológicos, la fase lunar en la que se hallaba la luminaria en el momento del nacimiento, refleja la pauta en la que el individuo expresa sus emociones para integrarlas con su voluntad consciente (la energía solar). Dane Rudhyar, en su ya clásico The Lunation Cycle, ofrece una interesante analogía entre el ciclo lunar y una planta, situando el comienzo en la fase de Luna Nueva como la semilla que se planta (intención), constituyendo el final el periodo de Luna Menguante, cuando tras la cosecha los restos de la planta regresan a la tierra para transformarse y comenzar un nuevo ciclo.

En astrología, el movimiento lunar es sumamente valioso, ya que en los dos días y medio que esta tarda en recorrer cada signo completa su ciclo contactando con todos los puntos de la carta natal, y los ciclos que va completando con el Sol reflejan la manera en la que se desenvuelve nuestro camino vital, por lo que la observación de los estado anímicos, así como sucesos acontecidos durante las distintas fases de la Luna, tanto natal como progresada y sus tránsitos, nos aportan información sobre lo que ocurre en la psique, en el mundo inconsciente y como no, en el mundo físico, pues tanto las necesidades básicas de nutrición, afecto, ternura, protección y cuidado, como las amorosas, vienen definidas por su energía. Y es que no nos enamoramos con Venus (planeta asociado al goce, disfrute y mundo de los deseos), nos enamoramos con la Luna.

Con las fases lunares podemos ver los ocho rostros lunares así como la dinámica y fuerza del inconsciente. Si tomamos la luz como claridad y conciencia, y  la oscuridad como la confusión e inconsciencia, podríamos representar una guerra simbólica de luz y oscuridad en estas ocho fases en las que en el novilunio reina el mundo de Hécate o Lilith y en el plenilunio la Diosa Diana, el rostro Luminoso de Jesod. Por lo tanto, arquetípicamente sería una guerra, una lucha entre luz y oscuridad, en que la Luna, cada mes, muestra sus diferentes rostros: Las Mareas Astrales. Esta es una batalla mensual que la Luna emprende consigo misma en relación con el Sol. La Luna, por tanto, no tiene significado propio, es un espejo que refleja la luz solar. Cuanto mayor luz refleja, mayor será su identificación con el Sol, es decir, con la conciencia. Cuanto menor sea su reflejo, mayor será el dominio del inconsciente.

Antiguamente se consideraba un presagio ominoso el nacer durante una Luna Nueva. Hoy es posible comprobar estadísticamente como muchos nacidos en Luna Nueva presentan ciertas dificultades aumentando incluso el número de abortos espontáneos durante dichos días. El Sol y la Luna en conjunción anulan la capacidad de emisión de luz. Cuando un planeta está muy próximo al Sol, se dice que está combusto, ya que existe una gran concentración de energía, pero no la vemos. Pero si algo nos demuestra la astrología es que no hay nada bueno o malo, y todo depende del uso o fin que se decida darle a dicha energía (cada fase, al igual que la Luna en cada signo y casa, es una valiosa herramienta). Como la energía lunar es inconsciente, el objetivo radica en llevarla a la consciencia e integrarla mediante la observación empírica para manejarla de un modo tan positivo como constructivo, sin que esta se convierta en un caudal inconsciente de mecanismos y pautas que nos obligue a ser esclavos y a reaccionar en lugar de actuar, pues cuando entendemos, sanamos. Por tanto, la relación de la Luna (emoción, inconsciente, necesidad: energía femenina) con el Sol (voluntad, consciencia, acción: energía masculina) es esencial en el estudio astrológico: la nutrición del agua y el calor del fuego; los motores de la vida.

Para la persona que nace en Luna Nueva, es difícil discernir entre qué quiero (Sol) y qué necesito (Luna), y a veces hay una identificación demasiado literal con los padres. Es por eso que los nacidos en Luna Nueva hacen un trabajo interno de re-creación individual. Son personas que se inventan a sí mismas con una fuerza que a veces los sorprende a ellos mismos, porque se vuelven independientes y autosuficientes a pesar de sus inseguridades. En términos mundanos, la Luna Nueva es también el momento de nuevos comienzos. Una vez al mes, cada uno de nosotros tenemos la oportunidad de empezar de nuevo en el ámbito del signo y casa en la que “cae” la Luna Nueva de ese mes en nuestras cartas. Eso que proyectamos durante una Luna Nueva no será visto de inmediato, pues estamos plantando y aún falta para la cosecha.

Los nacidos durante la Luna Creciente son personas con el desafío de fortalecerse, con fuerza para luchar y a quienes la vida les da muchas oportunidades para enfrentar desafíos. A diferencia de los nacidos en Luna Nueva, no parecen ser dueños o autores del proyecto, sino jugadores o soldados de la “primera línea de fuego” que deben abrir caminos con objetivos que no les parecen claros. Muchas veces se atan al pasado como un espacio de confort o seguridad, les cuesta irse del hogar raíz y cortar el cordón, rechazan las aventuras y, sin embargo, las viven incluso a pesar de ellos mismos.

La Luna de Cuarto Creciente obliga a la acción: la planta está firme en la tierra, pero ahora ha brotado y crece. A pesar del miedo al futuro, las personas nacidas bajo el cuarto creciente son activas e independientes, pioneras que pueden resolver problemas inesperados con rapidez. De hecho, no disfrutan de momentos apacibles y muchas veces crean problemas cuando no los hay.

Quienes nacen bajo la Luna Gibosa Creciente ven salir los capullos. Después de una ardua lucha, han encontrado un lugar en el mundo, un punto de anclaje a partir del cual pueden refinar o retocar aspectos, dejando de lado lo superfluo. Los cambios radicales son rechazados y el mayor miedo es el tener que retornar al punto de partida. Por eso, quienes nacen durante esta fase lunar son perfeccionistas y analíticos, interpretando y corrigiendo lo que otros han creado.

La Luna Llena, la oposición Sol/Luna es otra etapa de crisis, pues la flor se abre y es el momento de evaluar, por primera vez, el fruto del trabajo duro. Nacer bajo la Luna Llena implica haber completado una etapa de construcción personal y buscar, ahora, el vínculo con otro para continuar el crecimiento. En general, se tiende a idealizar a la pareja y las relaciones ya que consideran que el otro ha hecho un camino similar al suyo propio y es frustrante para ellos encontrarse en relaciones de dependencia.

Pasada la Luna Llena, la Luna Gibosa Menguante ve cómo la flor da paso al fruto, a la cosecha, y busca ofrecerlo a los demás. El individuo busca transmitir su experiencia. En muchas ocasiones nos encontramos con profesores o excelentes comunicadores. Personas que quieren estar rodeadas de otras, y que sufren cuando no son escuchadas o sus enseñanzas y experiencias no son consideradas.

El Cuarto Menguante representa el final de la abundancia. En muchos manuales se asocia esta fase con la crisis de los 40, cuando todo aquello por lo que habían luchado, en lo que se había creído, parece ahora una infancia lejana y romántica. A pesar de los miedos y la dificultad para soltar lo viejo, deben encontrar un nuevo proyecto para construir y poner en práctica. Para quienes nacen en esta fase lunar hay un reajuste constante y es difícil generar objetivos, pues estos parecen fútiles o poco apasionantes. Necesitan de la ayuda de otros para lograr una orientación en la vida, alguien que los acompañe a la última fase de la luna que de paso al nuevo comienzo.

La Luna Menguante representa el puente entre el pasado y el futuro. Algunos astrólogos consideran que los nacidos durante esta fase lunar son personas con fuerte carga kármica de la que deben desprenderse para empezar a vivir sus vidas. Fuera como fuese, llevan en su interior la experiencia de todo el ciclo lunar, lo que en la infancia hace que sean señalados como diferentes, quizás más taciturnos, pero también más maduros. Lo ideal es proponerse objetivos cortos en el día a día, cumplirlos y dejarlos ir. Purgarse de lo que no se necesitan para iniciar de nuevo un ciclo, asumiendo que el fruto debe pudrirse para abonar la nueva planta que está por nacer.

La fase natal de la Luna indica la forma que resolveremos nuestro dilema evolutivo, pero si tenemos en cuenta la astrología kármica, también el grado de realización que alcanzamos en la vida inmediata anterior, de manera que las fases lunares indican la pauta kármica de pasado, así como el elemento en el que se halle la Luna y sus aspectos. De este modo, donde tenemos la Luna es un trabajo de rescate de lo ya vivido, del pasado, pero también es la prolongación de nuestra personalidad anterior. La Luna habla del signo predominante en la encarnación anterior. El Sol es el signo o el arquetipo que venimos a trabajar. Las fases lunares, los diferentes aspectos entre Sol-Luna, nos mostrarían la facilidad o dificultad que tenemos en integrar la vida anterior, lo que hemos vivido y aprendido con lo que vamos a experimentar en esta vida. Hay muchas veces que la personalidad anterior ayuda a la personalidad actual. Es decir, ciertas cosas que se vivieron sirven de apoyo o base a la vida actual. Se manifiesta generalmente por un sextil o un trígono, o la Luna en el mismo elemento del Sol, o elemento compatible del Sol. Por lo tanto se da una especie de continuidad. Cuando la Luna hace un aspecto tenso al Sol indica que hay una ruptura entre la personalidad anterior y la nueva personalidad a desarrollar, o que actúa como una especie de obstáculo. Entonces se da por cuadratura u oposición en el mismo dinamismo, pero en signo de choque. Supongamos que alguien nace bajo el signo de Leo, con la Luna en Acuario, en plenilunio. Tiene una personalidad anterior orientada a la solidaridad e igualdad pero sin ningún tipo de noción jerárquica o de autoridad. Al nacer en Leo viene a desarrollar su parte de Eje Central y organizador del mundo inmediato en que ha encarnado. Eso es lo que hace un plenilunio, confronta a una personalidad anterior y entra en choque con lo que debe trabajar hoy. Con otro ejemplo vemos una Luna en Cáncer en oposición a un Sol en Capricornio, la personalidad anterior necesitó protección, cuidado, y en esta vida se da la ruptura con este pasado. En esta vida debe ser quien asume la responsabilidad de sproteger, salir del mundo familiar y enfrentarse a las demandas y jerarquías sociales. En astrología kármica los que nacen en plenilunio oscilan entre su pasado y su presente, mostrando una transición drástica entre lo que se ha sido y lo que se es y se será en esta vida. Por eso que la Coniunctio, en alquimia, es tan importante a nivel de destino personal, porque representa la integración del pasado con nuestra misión en esta vida.

Cuando se tiene  la Luna en el mismo elemento del Sol, es un trabajo de continuidad de lo que se ha hecho antes. Si vemos que la Luna se encuentra en cuadratura u oposición al Sol significa que es necesaria una ruptura de las imágenes lunares para dirigirnos hacia el Sol.

La meta última es lograr integrar los aspectos lunares -que podemos llamar inconsciente, complejos o traumas emocionales asociados a vidas pasadas- a través de un trabajo personal de autoreflexión, siendo más concientes de nuestros apegos y necesidades con la finalidad de dirigirnos hacia nuestro Sol, guiados por la voluntad superior en armonía con nuestra voluntad personal.

El ciclo lunar es parte de los ritmos de la vida, pero, a menos que estemos atentos, no somos conscientes de ello. Si queremos llegar a ser conscientes tenemos que vibrar con los ritmos, y no al revés. Conocer estos ritmos será suficiente para poder comenzar a practicar la observación. No obstante, una comprensión intelectual no es suficiente: la lectura sobre el baile no es lo mismo que bailar. Y bailar aquí significa aprender a moverse y balancearse con estos ciclos naturales. Fluir con el Cosmos.

Si interpretamos que el Sol guarda relación astrológica con la naturaleza del individuo, con el mundo externo, y la Luna con las emociones, la reacción instintiva y con el mundo interno del individuo, podríamos decir que cada período que se inicia con la lunación de Luna Nueva tiene ciertas connotaciones sobre el estado psíquico-emotivo de la persona, haciendo que se sienta motivada, inclinada o influenciada hacia asuntos relacionados con la casa y el signo astrológico en que se produce la lunación.

La lunación no necesariamente deberá ir acompañada de hechos significativos o de cierta trascendencia, sino que incide en tendencias, pensamientos, planes, pequeñas acciones o hechos sobre ciertos asuntos que pueden requerir más atención que otros durante el periodo de la lunación.

El tiempo para hacer un esfuerzo y construir es después de la Luna Nueva y antes de la Luna Llena, en particular durante el segundo cuarto lunar. Después de la Luna Llena, las cosas comienzan a decaer. Por lo tanto, los esfuerzos que hagamos más allá de ese momento es probable que resulten infructuosos, ya que estamos en contra de un ritmo natural que es mucho más fuerte que nosotros. Así que, después de la Luna Llena lo mejor es no esforzarse. En su lugar, tenemos que recoger toda la energía que hemos puesto hasta ahora en las dos primeras semanas. La tercera y cuarta fase del ciclo lunar no son tiempos adecuados para sembrar, sino más bien para cosechar y para separar “la paja del trigo”. La alineación mensual de la Tierra, la Luna y el Sol en Luna Nueva o Llena son reconocidos por la mayoría de las culturas como puntos de articulación clave. Debemos prestar atención a nuestro flujo mental en esos momentos porque, al igual que estos tres cuerpos se alinean en las lunaciones, nuestras cualidades internas también se alinean.

 

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