También son denominadas leyes de la ilusión, leyes retrógradas o leyes del mal. Tienen como finalidad proveer un campo de tensión polar en el cual los seres que se someten a las leyes evolutivas en el plano material y ejercen el libre albedrío son colocados frente a caminos antagónicos y tienen que elevar al máximo sus esfuerzos para no desviarse de su meta superior. Por esa vía, en la que los seres caen y reanudan el camino, “resisten” y “luchan”, a cierta altura se libera la luz aprisionada en la materia de sus cuerpos y su consciencia interior se expande.
Tal mecanismo sólo se justifica mientras el proceso evolutivo se vincula al fuego por fricción. Cuando llega el momento de que un planeta interactúe con fuegos más potentes, como el fuego solar y el cósmico, las fuerzas por medio de las cuales actúan las leyes evolutivas son expulsadas de la órbita planetaria y son introducidas nuevas leyes para regir el desarrollo de la vida y de los seres. La nueva coyuntura, compuesta por fuegos más elevados, no se basa en el enfrentamiento de fuerzas antagónicas para generar una tensión propulsora, sino en la sintonía transformadora de una ascesis continua, dentro de la ley de los ciclos. Esta es la base de la Tierra futura.
La Fuente Única, al manifestarse, se proyecta en los sucesivos niveles de la existencia. Al alcanzar los más concretos, puede presentarse como un mal, debido a la imperfección aún presente en estos niveles, del mismo modo que, si proyectáramos una imagen sobre una pantalla defectuosa, la imagen se mostraría distorsionada y, si agregáramos calor a determinadas reacciones químicas, ellas aumentarían su poder y se volverían destructivas. El “mal” es, por lo tanto, relativo; el modo de percibirlo dependerá del nivel en el cual la consciencia se encuentra polarizada. Para la Jerarquía espiritual, él no tiene la misma connotación que tiene para la humanidad de la superficie de la Tierra, que aún está cautiva del deseo.
El origen del mal es remoto, es un misterio demasiado amplio para que sea aprehendido plenamente por la consciencia de hoy. El grado de densidad del planeta y la intensidad del contacto del ser humano terrestre con fuerzas caóticas derivan, sobre todo, del karma engendrado en la manifestación anterior del sistema solar. Desde los comienzos de la Tierra, parte de la energía irradiada para la vivificación y renovación de los mundos de la materia fue desviada y utilizada por seres vinculados con las fuerzas oscuras, pero la materia, en esencia, está exenta de ellas. Esas fuerzas están insertas predominantemente en la sustancia de los subniveles más densos de la vida terrestre (del mental pensante pasando por el astral emocional hasta el físico concreto), y en el cierre de la actual etapa serán casi totalmente expulsadas de la órbita del planeta. (Iberah* y los centros vinculados a él, mantuvieron el mal bajo control, a pesar de la aparente preponderancia de las fuerzas oscuras en estos subplanos).
La afirmación de que el mal no existe, o de que está y siempre estuvo controlado por energía mayores, de la Fraternidad de la Luz, debe ser comprendida bajo una perspectiva abarcadora, la de la evolución cósmica, que no niega el hecho de que los seres y el planeta estén también sometidos a los ritmos de la evolución material. Bajo esta perspectiva, inclusive si la Tierra fracasase debido a la acción de estas fuerzas contrarias a la evolución, el mal aún estaría bajo control, pues la evolución en estos planos terrestres tiene un valor relativo en la trayectoria cósmica global. Sin embargo, esta misma vida externa en la Tierra es tan importante para la evolución, que las fuerzas intergalácticas vinieron en auxilio, a fin de que su proceso de purificación, que ya está en acción, pudiese ser llevado a cabo sin que el planeta se desintegre.
En las capas internas del planeta, en el magma central, existen seres en estado primitivo que están encargados de transmutar las fuerzas involutivas y caóticas. Interactúan con el elemento fuego de modo desconocido para el hombre de la superficie y responden a los impulsos del centro intraterreno Iberah.
La identificación del hombre con las formas y el mal uso del libre albedrío aprisionan a su consciencia en el mundo concreto y lo dejan vulnerable a la acción de las fuerzas involutivas que lo conducen a estados de vibración densa, tales como ira, gula, envidia, codicia, orgullo, pereza y lujuria. Mientras surjan impulsos basados en estas fuerzas y él los alimente con su atención y connivencia, limitará su contacto con el mundo interior. Acoger una de estas fuerzas significa crear lazos con el llamado “mal” y aumentar el propio grado de ilusión.
Los magos oscuros detentan conocimientos y control sobre las fuerzas de algunos niveles de consciencia materiales, etapa superada para la trayectoria que en este momento le corresponde recorrer al hombre. Entretanto, todo ser humano común que no tenga la consciencia enfocada en el alma o en el espíritu (la mónada), aún sin advertirlo, actúa como un pequeño mago negro, pues en parte está entregado al juego de fuerzas disuasivas que impregnan la materia de sus cuerpos y del planeta donde vive. Mientras la personalidad no haya sido totalmente controlada por el alma, el individuo estará sujeto a tomar el camino de la manipulación material, el camino de las leyes retrógradas, aún sin saberlo.
Esta situación cambiará después de la transición planetaria, pues toda la humanidad que entonces habite la superficie de la Tierra habrá alcanzado el estado de consciencia crística en el interior del ser. Hasta el momento, la ley de la purificación actúa en los hombres y en el planeta a fin de prepararlos para el próximo ciclo de evolución, preparación que incluye los momentos críticos que atravesaremos. El hombre futuro, cuando esté en su plena expresión, será un Espíritu/Alma, una mónada despierta.
La humanidad de la superficie está próxima a este nuevo ciclo, y las acciones que realice en esta transición pueden traer consecuencias decisivas para su destino. Así como hay una infinita ayuda por parte de la Jerarquía, una fuerte resistencia a la transformación es ejercida por las fuerzas involutivas. La serenidad favorece la sintonía con la Meta Mayor; el amor profundo por la verdad y por la esencia de la vida hace prevalecer la realidad, a despecho de las numerosas justificaciones presentadas por el convencionalismo para que predomine la ilusión.
Especialmente en esta época en la que las fuerzas involutivas están muy activas, el ser humano necesita una actitud amorosa que le permita contactar su realidad interna. De nada sirve rebelarse y asumir conductas agresivas frente a los conflictos, pues así permanecerá cerrado a la intuición. En realidad, las transformaciones profundas, que cambian el curso de los hechos, provienen de la superación de ciertos estados energéticos. Quien busque expresar patrones superiores debe abolir de su manifestación como ente humano las fuerzas que se expresan por medio de las palabras desistir, criticar, engañar, seducir, usurpar, exigir, quejarse y otras de vibración semejante. Una circunstancia involutiva puede tomar rumbos contrarios a los esperados si exento de egoísmo, quien la viva estuviera sintonizado con leyes suprafísicas y supranaturales.
Actualmente, tres son las puertas principales por donde las fuerzas involutivas tienen acceso a la consciencia del hombre de buena voluntad: deseo de progresar y de servir teniendo en vista algún beneficio personal y humano; ilusión de saber lo que más le conviene; autoconmiseración.
La energía en sí es neutra, pero puede mostrar tanto matices evolutivos como retrógrados, pues al reflejarse en la materia, hará resaltar las vibraciones que allí predominan. Un punto básico para traer aspectos positivos a la superficie está presente en todas las enseñanzas espirituales auténticas: se debe enfocar la mente en lo más elevado que se pueda concebir, en aquello que muchas veces es llamado luz o, para muchos, Dios.
Lo que es previsible obedece a leyes naturales, cuyo poder se limita al ámbito material; sin embargo, los hechos inesperados que en la vida concreta representan cambios evolutivos de gran magnitud son reflejos de la acción de leyes supranaturales. El ser humano despierto a realidades sutiles y consciente de la actual situación externa del planeta debería estar preparado para, en cualquier momento, reiniciar su vida de una manera diferente. Es esta apertura a lo nuevo lo que crea en él las condiciones más propicias para la superación de las leyes involutivas y para la ampliación de la consciencia. No son las capacidades humanas las que llegarán a modificar el estado del planeta, sino la receptividad de cada uno a lo desconocido y la polarización superior de su consciencia, factores fundamentales para la protección de la chispa interior del ser.
El mal y el bien existen como tales mientras la consciencia está inmersa en la ignorancia y puede realizar acciones involutivas o evolutivas, de acuerdo con los impulsos a los cuales se mantiene vinculada. En una misma coyuntura en la que un hombre común se atiene a lo falso, es posible la conexión con lo correcto y verdadero. Pero mientras la consciencia no se eleva a niveles intuitivos, permanece en una condición semejante a la hipnótica, bajo una sugestión tan fuerte que no ve la realidad de lo que ocurre en sí y en torno de sí. Las energías de cura actúan intensamente sobre el ser para retirarlo de esta situación, y una nueva realidad se desvela cuando, finalmente, tales circunstancias se disuelven.
En el reino humano, hasta hoy, son pocas las interacciones formadas en los planos internos que pudieron reflejarse con pureza en los niveles materiales, debido a la densidad y al grado de compromiso con las fuerzas involutivas. Sin embargo, el simple hecho de que la humanidad haya conseguido mantenerse hasta este momento de la existencia de la Tierra, es resultado de un inmenso paso que está dando y que tiene importantes repercusiones.
*Iberah es el centro intraterreno más misterioso y oculto de los que se revelaron hasta el momento. Su exteriorización viene siendo postergada hasta que la humanidad llegue a un grado de pureza vibratoria que le permita contactar la energía de poder y la sabiduría presentes en él. Junto con Erks y Anu Tea, forma un triángulo energético denominado Guardián de los Misterios Sagrados. Está activo desde los comienzos de este ciclo de la Tierra y su energía promueve la redención de la materia.
Bibliografía: La doctrina secreta, Helena Blavatsky. La Trayectoria del Fuego, José Trigueirihno.





