
Este texto tiene como fin la realización de una profunda introspección para observar y detectar resistencias, es decir, posibles conflictos que estemos causando inconscientemente entre nuestro mundo interior y exterior, lo que implica una falta de aceptación.
Es fundamental observar tus pensamientos y emociones a lo largo del día: ¿Con qué frecuencia te descubres detestando o contrariado por estar dónde estás o con quién estás? ¿Haciendo lo que haces, viviendo donde vives? ¿Cómo te sientes cuándo experimentas ese rechazo a tu entorno o circunstancias actuales?
¿Puedes percibir la incomodidad de resistirte a lo que habita dentro de ti, a lo que se te presenta? Una vez seas consciente de esto (reconocimiento), es posible liberarse de esa inútil batalla (aceptación) y conectar con la Paz.
La mente puede fantasear con irse de un lugar, cambiar de pareja: huir. Pero nadie puede escapar del fuego de uno mismo, de la verdad y no siempre es factible esa huida, y si se da, vayas donde vayas, ahí estarás tú, lo que significa que siempre estarás presente en tu situación actual (quizás hayas escuchado alguna vez eso de “tus problemas van contigo a todas partes”). Sólo es posible el cambio externo cuando hay una transformación interna, pero para ello el reconocimiento, la rendición (sí, rendición, la vida no es una lucha, nada es una lucha, no se gana ni se pierde), la aceptación y la entrega son fundamentales.
El “no quiero esto” no sólo es improductivo, sino que genera desequilibrios en el cuerpo mental, emocional y físico, genera conflicto (como es adentro es afuera), provoca sufrimiento (apego al dolor) y baja tu vibración, alimentando tu ego y desconectándote de tu verdadera Esencia (Tu Espíritu/Alma).
La necesidad de categorizar mentalmente cada experiencia o sensación, de una respuesta automática que te diga si te gusta o no, si es bueno o malo, da lugar a un conflicto constante.
Todo es perfecto, que significa que es adecuado para un determinado fin. (Nada de bueno o malo, que guste o disguste).
La necesidad mental de calificar las circunstancias como buenas o malas lleva a un conflicto constante entre tu Esencia y tu personalidad que puede reflejarse en tu estado de salud o con situaciones o personas, porque no aceptamos lo que la vida nos pone delante, lo que nuestro interior manifiesta: nuestro momento presente (síntesis de cuanto requerimos para tomar consciencia, equilibrar, evolucionar y trascender).
En lugar de tomar decisiones o medidas, puedes optar por permitir que el momento presente se desarrolle naturalmente, sin interferir, permitiendo que se den los aprendizajes y experiencias necesarios. Hacer lo contrario es decir “no” a la vida, a tu Esencia, a tu proceso evolutivo, fortaleciendo tu ego (ilusión). Pero cuando dices “sí” a la vida, fortaleces la conexión con tu Espíritu/Alma (verdad). El ego, o sentido del yo temporal y efímero, no puede persistir cuando te rindes, cuando reconoces y aceptas; cuando te entregas.
Lo que determina tu conexión no es el esfuerzo (que genera tensión y presión para lograr un resultado específico, definido, marcado por ese ego y lo quiere o desea), sino estar presente, prestando una total y absoluta atención a lo que estás haciendo.
Cuando aceptas el momento presente tal y como es, sin juicio ni resistencia, trasciendes la clasificación mental polarizada en bueno o malo, conectando con un nivel más profundo (Alma) que proporciona Paz, estabilidad, neutralidad y equilibrio. De manera que a tu alrededor pueden estar sucediendo “cosas” sin que las califiques y etiquetes como buenas o malas, son sencillamente perfectas y tus cuerpos mantendrán su equilibrio y alineación, así como tu vibración, pues habrás accedido a un nivel más profundo dentro de ti mismo, más allá del plano mental, emocional y físico (meramente superficiales) y que no está sujeto a las fluctuaciones propias de dichos cuerpos; pensamientos, emociones…
Reconocer la naturaleza temporal de todas las experiencias externas y la incapacidad de éstas para proporcionar satisfacción duradera, hace que la rendición sea mucho más sencilla de lo que en un principio pueda parecerle a nuestra mente. Se puede seguir participando en experiencias y relaciones sin los deseos y miedos del ego, pues ya no exiges que las personas, circunstancias, eventos etc te hagan feliz o no, te satisfagan o gusten, permitiendo que su imperfección y su naturaleza efímera sean, lo que da lugar a una experiencia más armoniosa. Al aceptar plenamente el momento presente, la necesidad compulsiva de etiquetar y juzgar disminuye, otorgándote un estado de quietud y vigilia.
Este estado de quietud y no resistencia, aceptación, nos abre a la conciencia, al conocimiento intuitivo, a la mente abstracta y a la mente superior, que es más amplia y sintética que la mente lógica, racional y analítica.
Al liberarte de esta resistencia notarás como las circunstancias externas cambian.
Abraza el momento presente tal y como es, sin interpretarlo, juzgarlo o signaturarlo a través de una historia creada por tu mente inferior. ¡Ríndete! No tienes por qué preguntarte por qué te está sucediendo x cosa. Recuerda que todo es perfecto. Incluso en las situaciones consideradas insoportables, hay un don oculto, un talento, una gracia, una trascendencia esperando ser descubierta. Rendirse y aceptar en lugar de “luchar” por encontrar respuestas con un pensamiento limitado, permite que la inteligencia mayor opere a través de ti, inspirando y beneficiando tu mental pensante, tus cuerpos. La rendición y la aceptación pueden significar soltar la necesidad de entender, de controlar, de actuar, de interferir y hallar Paz en lo que no sabemos, en lo que no entendemos ni depende de nosotros, en confiar y tener FE en la vida liberándonos de la identificación que manteníamos con nuestra mente. Es una transformación que pasa de los estados de reacción a crear un espacio en el que todo es posible, pasando de estar apegado a las formas, a reconocerte a ti mismo como una consciencia expansiva sin forma, atemporal e inmortal.
Incluso aceptar que estás en resistencia es fundamental para permitir que la vida se desenvuelva tal y como es, sin tratar de controlarla o manipularla. El momento presente es una parte integral de nuestro Yo más profundo, auténtico, nuestra Esencia. Hay muchas cosas que pueden aparentar ser importantes, pero sólo una lo es: descubrir quién eres más allá del yo limitado y temporal.
No alcanzamos Paz cambiando las circunstancias externas de nuestra vida, sino reconociendo y desplegando nuestra verdadera Esencia; nuestro Yo en el nivel más profundo (Espíritu/Alma).
El sufrimiento es causado por la ilusión de un sentido personalizado y limitado del yo que oculta la verdadera Esencia de quienes somos. Cuando estamos desconectados de nuestra Esencia inevitablemente creamos sufrimiento al generar un falso sentido del yo que se identifica con el cuerpo, las emociones o la mente, cuerpos efímeros, transitorios, temporales, un producto de nuestra mente que es temeroso, necesitado y dependiente, pasando a tener como prioridad el proteger y nutrir esa ilusión.
El lenguaje y formas de expresión alimentan esa ilusión dando por hecho que las personas no somos conscientes de nuestra verdadera naturaleza y decimos que perdemos a alguien, o que ese alguien perdió la vida, asumiendo que la vida es algo que se puede poseer o perder, o por lo que hay que luchar, o incluso se dice que alguien muere. La realidad es que la vida no se puede poseer ni perder, ya que nosotros somos la vida misma. Nada muere, se transforma. Y lo propio sería decir que alguien se liberó del cuerpo, partió a otros planos de consciencia o incluso que cerró un ciclo.
En un inicio, parece obvio que cuando tenemos un pensamiento o sentimiento somos conscientes de ello, al igual que cuando tenemos una experiencia placentera o dolorosa. No obstante, al examinar la estructura de tales afirmaciones, éstas nos revelan una ilusión que surge del uso del lenguaje. Esta ilusión crea una sensación de separación y de dualidad que, en realidad, no existe. No eres alguien que es consciente de pensamientos y sentimientos, o de experiencias, eres más que eso, eres la consciencia que permite que estas cosas se materialicen, que surjan. Eres el núcleo de tu ser, eres la consciencia que percibe todas las cosas, pero esta consciencia no puede percibirse directamente. No puedes convertirte en un objeto de conocimiento, ni convertirte en un objeto para ti mismo, esta es la razón por la cual surge la ilusión del ego al objetivarnos mentalmente.
Pero cuando te das cuenta de que eres la consciencia en la que todo existe, ya no dependes de cosas y situaciones externas para definir el sentido de ti mismo. Te liberas de la necesidad de buscar aprobación, validación y satisfacción en el afuera. Como resultado, los eventos y las circunstancias pierden importancia pasando a abordarlos con ligereza. Comienzas a percibir el mundo como una danza, como una expresión hermosa, equilibrada y cambiante de forma.
Cuando alcanzas una comprensión clara de tu Esencia, la sensación de tranquilidad y alegría serena te acompaña, un estado permanente y perdurable; el sentimiento dichoso de reconocerte a ti mismo como tu Espíritu/Alma, antes de tomar cualquier forma, abrazando tu verdadera naturaleza. Ya no eres una entidad con un pasado pesado que interpreta cada experiencia a través de conceptos, percibes sin interpretación, la percepción sucede a través de nosotros y la consciencia sin forma, se vuelve consciente de sí misma.
La mayoría de las personas viven controladas por su ego, sus deseos y miedos, desean agregar algo a su identidad para sentirse completos mientras que sus miedos manifiestan la ilusión de perder algo y sentirse disminuidos. Deseo y miedo nublan la realidad de que la existencia no puede ser otorgada ni quitada. Tu ser completo ya está presente dentro de ti y en el momento presente.
Hace mucho que renuncié al mundo para no perderme y gané el universo al encontrarme. Dácil Rodríguez.
Imagen, Esencia.





