
La solaridad es la energía que emana el astro rey, el Sol, nuestra voluntad y esencia divina (Espíritu/Alma); el director de la gran orquesta que es nuestro Mapa Natal y nuestra Vida; nuestra Consciencia. Y Urano, su opuesto complementario, la evolución inherente a la Consciencia, la amplitud de perspectiva; la humanidad como colectivo. La Luna, sin embargo, simboliza los hábitos, patrones, ciclos de repeticiones; el pasado; el inconsciente y su opuesto, Saturno, las estructuras estáticas que erigimos, los muros de contención, el karma que genera la repetición por desequilibrio; la omeostasis.
La omeostasis a nivel psicólogico y emocional tiende a la eficiencia, pretende sernos útil, pero no a la perfección, pues no busca lo mejor para nosotros en base a quienes somos relamente (Sol). La omeostasis a este nivel es como una mochila que llenamos de aquello que creemos necesitar hasta que la ocupamos en su totalidad. Lo cierto es, que si tenemos que salir corriendo, porque se nos escapa el avión, la mochila es lo de menos, y podemos viajar sin ella, lo importante somos nosotros.
Continuando con la metáfora de la mochila, ésta tiene un cupo, un límite, y es por ello que el inconsciente tiende a reprimir y por siguiente a bloquear, por lo que el autoconocimiento es fundamental para poder acceder a esos bloqueos.
Las personas que tienen miedo a relacionarse con los demás de forma natural, desarrollan conductas que generan estrés y negatividad: miedo a expresar lo que se siente por temor a decepcionar a otros, critican, juzgan y culpan a otros de los propios problemas o circunstancias. Este es un claro indicador de inmadurez e inconsciencia, que parte de la percepción personal en función del afuera: “yo soy lo que los demás piensan de mí; soy tal y como me ven los demás y si ellos creen que no soy válido, es que no lo soy”. Este es el núcleo del miedo, de la represión. Aquí el poder se le otorga al exterior y se bloquea la solaridad: la esencia, y con ello la propia divinidad, pues como es adentro es afuera; el exterior depende del interior. Cuando la solaridad se encuentra bloqueada el proceso se invierte. Lo propio es que, previamente, por uno mismo, sin que nadie opine, sin el juicio ajeno, sepamos quienes somos, que nos queramos tal y como somos en el momento presente. En el momento presente es cuando único podemos Ser, cuando somos totalmente libres, cuando podemos transmitir amor, pero para ello, tenemos que amarnos a nosotros mismos, trabajar en nuestra individuación (solaridad) para después irradiar esa solaridad (luz) al mundo.

Si este proceso está invertido, comienzan los problemas al carecer de la conexión interna que se expresa libremente en función de nuestra personalidad encarnada: lo que nos gusta, lo que no, lo que sentimos, lo que pensamos; actuamos libremente… Si no hacemos este proceso, dejamos que el pasado decida por nosotros, que nuestra educación y mandatos familiares den forma a cómo vemos el mundo, que el afuera nos contamine; reaccionamos. El bloqueo de la solaridad conlleva una pérdida de salud física; el cuerpo nos hablará para prestar atención a dicho bloqueo y en cuanto a miedos se refiere; los riñones, las glandulas suprarenales y el aparato urinario, se verán afectados.
Hasta cierto punto es sano tener un feedback del entorno, no para reafirmarnos o para buscar aprobación, sino con la intención de contrastar con el propio conocimiento que exige capacidad de autoanálisis y observación. Trabajarse a uno mismo conlleva el famoso proceso que Jung denominó de individuación, donde cada persona se descubre de forma independiente al resto. Esta es la clave para afrontar los miedos que se van presentando. Sentir miedo es algo natural, el problema es cuando cercena el potencial, o no nos permite ver quienes somos y lo que queremos manifestar.
El compromiso de autoconocimiento es algo que nace de la persona, es una forma de amor que nada ni nadie puede proporcionarnos, salvo nosotros mismos.
- ¿Cómo comenzar con este proceso?
-Realizar una mirada retrospectiva hacia el hogar raíz, familia de origen; padres. Cómo son tus padres, qué te han transmitido, qué te han enseñado; de todo ello, qué te gusta, qué no, qué te hace sentir incómodo.
-Identificar todas las conductas de los progenitores en uno mismo, también de las personas que forman parte del entorno: pareja, socios, compañeros de piso, pues son un espejo.
Si actuamos sin indagar, profundizar, observar, analizar e involucrarnos, sumergiéndonos en las profundidades de lo que somos, no podremos evitar esas conductas, repitiéndolas, lo cual generará miedos e inseguridad, porque no estaremos actuando desde nuestro Ser, centro, esencia; solaridad. Comenzaremos a tener patrones de conducta cada vez más limitados, encorsetados, sin amplitud de movimiento, ya que todos estarán enfocados en no afrontar el miedo a descubrir “quién soy”.
En muchas ocasiones esto lleva al autoengaño y el consiguiente escapismo. Preferimos no verlo, queremos hacer como si no pasase, no existiese, no estuviese, lo que provoca un dolor sostenido; sufrimiento, por esa energía retenida, pues el Ser sabe que está pasando algo y que no hacemos nada, que no cambiamos nada, generando mayor estrés y negatividad al no ser canalizada dicha energía ni tomar forma. A nivel vibracional dicha energía se va densificando cada vez más, cristalizándose y dando lugar a una manifestación a nivel físico que también llamamos enfermedad.
La vida es dinamismo, evolución, juego, cambio, sin ello, sobrevivimos (mecanismos lunares de supervivencia).
Cabe preguntarse: ¿de qué tengo tanto miedo? ¿qué puedo hacer para sentirme más libre? ¿qué cambio en mi actitud? ¿paso momentos en los que me paro para conectarme, para sentirme, para preguntarme cómo me siento y por qué?
Hay que aprender a parar, a escucharse, a tumbarse, realizar las conexiones y poner las manos sobre el corazón y sentirse, si no lo hacemos, si no paramos, vamos en piloto automático, vamos generando karma, pues el karma no es más que el desequilibrio creado, no es un castigo, una penitencia, es el efecto de la causa, la responsabilidad de lo creado, el resultado de no cuestionarnos ni cuestionar. Cuando lo hacemos, empezamos a construir a partir del momento presente, construimos un nuevo futuro y no un mismo futuro desde el pasado. Es en ese momento cuando nos empoderamos, tomamos las riendas de nuestra vida, maduramos, nos hacemos responsables y nos enamoramos de lo que somos y de lo que estamos llamados a Ser.
En la base de estos patrones se localiza la culpa. Este término, como ya les he comentado en numerosas ocasiones tanto en los vídeos del Canal de YouTube como en otros texto, es necesario sustituirlo por responsabilidad. La culpa es una emoción destructora y dañina y para disolverla es imprescindible el perdón y una nueva perspectiva basada en que cada cual hace lo que puede como buenamente puede, en función de su nivel de conciencia. Muchas veces nos equivocamos por ignorancia e inconsciencia, por miedo, por no saber cómo hacerlo, y por ello es necesario el perdón; la misericordia (que nada tiene que ver con la religión). Lo importante es aprender de lo sucedido y concederse la oportunidad de hacerlo de un modo diferente (actuar en consecuencia). No todo vale, es imprescindible contar con un espíritu crítico, pero en lo que a la culpa se refiere se trata de no juzgarse y por ende, no juzgar a los demás, de no señalar con un dedo y de buscar responsabilidades externas, ya que ahí volvemos a la inmadurez, a la repetición, al karma que nos encierra en un ciclo de repeticiones.
No hay que permitir que la historia personal ensucie nuestra mirada, ya que entonces estaremos construyendo nuestra realidad en función de nuestro pasado.
En este sentido, también es importante discernir entre expresar lo que nos gusta, queremos o no y está alineado con quienes somos, con vomitar sobre el otro o vaciar toda nuestra porquería en los demás. La diferencia estriba en que cuando manifiesto algo que está en consenso conmigo mismo, el inconsciente del otro lo percibe y neutraliza, y viceversa. No obstante, cuando lo hago en función de mi pasado, de la historia personal, el inconsciente del otro también lo percibe, pero no lo neutraliza, sino que lo recibe. Solo podemos recibir basura cuando vibramos de forma afín a ella. Por ejemplo, si tenemos un problema de convivencia y nuestro compañero de piso no ha actuado de forma correcta, podemos comunicarselo sin más, con educación y respeto. Si permitimos que nuestros demonios y fantasmas entren a formar parte de ello, esto no será legítimo. Y es fundamental, en plena transición planetaria, que distingamos entre lo legímito y lo ilegítimo, que nada tienen que ver con lo legal o ilegal, pues estos términos son creaciones mentales humanas, mientras que lo legítimo es ley natural y universal inherente a cualquier forma de vida. Cuando nos vinculamos, intercambiamos opiniones, etc, existe una información que es consciente, material, física, y otra inconsciente, inmaterial, sutil, pues entre los seres existe una telepatía innata. No es lo mismo comunicar desde la verdadera esencia, que hacerlo en base a creencias y patrones inoculados, en el primer caso, estaremos en paz con nosotros mismos y en el segundo caso, no, aumentando la sensación de vacío, dolor, soledad… que implica la ausencia de uno mismo.
Para poder tener una identidad social y Sabiduría (Acuario), hay que descubrir primero nuestra verdadera identidad y el Amor (Leo), ya que de esa forma es como verdaderamente se aporta al colectivo; a la humanidad, mediante la consciencia de quienes somos y de dónde venimos, la conexión interna con nuestra Esencia y la coherencia que ello implica con la energía de Amor/Sabiduría, pues al escucharnos podremos sentir, pensar y actuar en sintonía, lo cual genera una frecuencia de alta vibración.
Esto implica dejar atrás la baja vibración de dicha energía que es el miedo/ignorancia, porque el miedo es ignorancia (inconsciencia) y el Amor; Sabiduría, pues sólo aplicando la información se transforma en conocimiento y a través de la experiencia se torna en Sabiduría que se arroja al mundo y comparte a través de la Luz del corazón.
Por último, me gustaría aclarar que este proceso nos llevará toda la vida, pues nuestro propósito es ser Sol y desarrollar el principio de solaridad. Cada vez que lo hagamos, lo haremos a un nivel más profundo. Cada vez que trabajemos con nuestra Luna natal y sus patrones, lo haremos a otro nivel, atravesando capas que se van deshaciendo como la pastilla de jabón en las manos. No existe terapia alguna, ni fórmula mágica que de una vez, logre deshacer un patrón o un modelo de comportamiento, un atributo de nuestra sombra o una información. Es algo que hacemos a un nivel más profundo cada vez que un tránsito lo activa, por eso, después de haber tomado conciencia de algo y trabajado en ello, cuando reaparece la problemática, la persona se siente frustrada. Eso no significa que no se hiciera el trabajo anterior, mentalmente consideramos que por saber algo y haber indagado en ello, ya estamos exentos o lo hemos superado, cuando la realidad es bien distinta, y volveremos a repasar, profundizar, ahondar y trabajar en lo mismo muchísimas veces a lo largo de nuestra existencia, eso sí, siempre con una mirada, perspectiva o consciencia mayor.
*El Sol y los solares son la energía de mayor vibración de nuestro sistema solar, la más sútil y elevada.





