El objetivo de Saturno es estructurar o reestructurar aquello que así lo requiera en el área (Casa) que transita, de ahí su afán perfeccionista, pues todo, siempre, es mejorable. No obstante, el perfeccionismo saturnino difiere de las asociaciones mentales y el concepto con el que solemos manejarnos, pues Saturno fija su atención en aquello que nos hace sentir inseguros o nos provoca miedo, trabajándolo hasta eliminar cualquier resquicio de temor o sensación de vulnerabilidad, tornando lo inestable en algo sólido. ¡Magistral!
Las tres premisas básicas para cooperar con esta energía son: paciencia, constancia y consciencia.
La paciencia es esencial cuando aprendemos algo. La exigencia es algo que se impone uno mismo generando frustración. No se trata de pasar al otro extremo, el del pasotismo, sencillamente de entender que cuando aprendemos un nuevo idioma, una nueva coreografía o lo que se tercie, vamos a tener que repetirlo muchas veces hasta que logremos el resultado adquiriendo la técnica precisa, la más eficiente según nuestras herramientas, talentos y particularidades. Saturno funciona mediante el ensayo-error/ ensayo-error/ ensayo-acierto. Y ahí reside la constancia.
Cuando queremos eliminar un viejo patrón o instalar una nueva rutina o hábito, la voluntad es el primer paso (el Sol). Nos decimos: “quiero dejar de fumar”, “quiero viajar”, “quiero aprender a bailar”. Empezamos con un “quiero” procedente de nuestra voluntad, y para mantener la motivación debe ser algo que “queremos de verdad”, pues sin ello, nuestras fuerzas flaquearán ante el menor obstáculo y es ahí donde lo que queremos se ajusta a la realidad (nuestra propia verdad).
El siguiente paso estriba en trazar pequeñas metas que nos lleven hasta el objetivo final, como si marcáramos distintos tramos en el camino hasta alanzar la cima. Si queremos sentar las bases de nuestro bienestar personal, tendremos que empezar por lo más básico: descansar y alimentarnos correctamente, y para ello estableceremos una fase previa de observación en la que sin juzgar, examinaremos nuestros hábitos alimenticios y de descanso para detectar si existe alguna falla.
Podríamos establecer que Saturno evidencia la falla, pero no lo hace al estilo Júpiter, él tiene su propia identidad. Y mientras el expansivo Júpiter actúa como una lupa sobre aquello que nos incomoda para que lo veamos con claridad o nos brinda múltiples oportunidades, Saturno lo hace desde la estrechez, cerrando toda puerta hasta dejar abierta aquella sobre la que debe centrarse la atención, y, normalmente, es la puerta que precisamente teníamos un poco “olvidada” o “ruinosa”.
Saturno llega al escenario que transita y lo observa, lo examina y se pregunta: ¿esto es útil? ¿qué puedo mejorar? ¿es necesario pintar? ¿hay que derribar el tabique? En ocasiones, lo que creíamos útil, práctico o eficaz, realmente no lo es y nos provoca un gasto energético, físico, temporal e incluso económico. Y Saturno lo ve tan claro que dice: “Esto, fuera”. Y lo que elimina suele, en general, ser algo que hemos construido en torno a algún miedo o vulnerabilidad, que nos supone un desperdicio de recursos en cualquier término, pues existe un mejor modo de abordar el asunto sin que nos suponga semejante “gasto”. De ahí que la consciencia sea otro pilar fundamental, pues sin ella, es posible caer en el “modo víctima” y en ese “pobre de mí” y como no, en la frustración e incluso en la ansiedad que genera el miedo a los cambios y al futuro.
Saturno nos despeja el camino mostrándonos aquello en lo que realmente debemos centrarnos para construir y erigir sólidas estructuras afines a quienes somos, a nuestra identidad y voluntad; al Sol, pues su legado perdura en el tiempo. Una oportunidad excelente para alcanzar madurez y estabilidad en el área que transita, incluso si nos encontramos con algún aspecto tenso, pues el objetivo de Saturno sigue siendo el mismo, la diferencia estriba en cuánto apego, resistencia y por ende, sufrimiento, estemos dispuestos a invertir tropezando una y otra vez contra los muros que levante al cerrar puertas. Y es que con Saturno de nada vale la obstinación y tratar de embestirlo a golpes absurdamente, pues lo que trae para cada uno de nosotros es un auténtico regalo en forma de maestría a la hora de ejercer nuestra voluntad.
No obstante, hay que prestar atención a Urano y a Júpiter. Muchos astrólogos trabajan con la ofrenda: “la ofrenda adecuada al dios adecuado en el sitio adecuado”. En este caso, la ofrenda saturnina reside en “la piedra” tal y como establece el mito en el que Rea sustituye a su hijo Zeus (Júpiter) por una piedra, y Saturno la devora creyendo haber devorado a Zeus. No hay obviar que en el mito, Zeus da a Cronos una pócima que le hace regurgitar a la inversa cuanto ha devorado y por ende, a “la piedra” y a sus hermanos (de ahí que se le considere “el gran benefactor”).
Los tránsitos de Júpiter, Saturno y Urano no pueden analizarse de forma aislada, Júpiter debe estudiarse junto a Saturno y Saturno junto a Urano, y viceversa.
Hace algún tiempo escuché la apasionante ponencia de una reputada astróloga sobre los tránsitos Saturno/Júpiter y los cambios a nivel social y mundial. En ella analizaba los ciclos Saturno/Júpiter hasta llegar a la triple conjunción con Plutón en el signo de Capricornio que se producirá en 2020. Y yo me pregunté, durante el transcurso de su charla, dónde quedaba Urano en todo aquello, pues es tan importante en la “historia arquetípica” de Júpiter como en la del propio Saturno.
Hay una frase célebre de Paracelso en la que manifiesta que lo que hoy es tomado como una locura en el futuro se considerará una ciencia. Una frase muy uraniana, propia de un visionario. La ilusión de la separación dio lugar a la división entre el bien y el mal, y esta a la fragmentación. La mitología carga el inconsciente colectivo de incesto, (matrimonio entre Saturno y Rea, su hermana), de violaciones, secuestros, Plutón y Perséfone, y en pleno siglo XXI seguimos encontrándonos con esta dramática realidad.
Richard Idemon, a través de sus valiosas contribuciones, nos dejó claro que somos el mito que creamos. Pero hasta cuándo vamos a manejarnos con dichos mitos. No es una corriente o estilo el que desvirtúa una ciencia, sino la interpretación que hacemos de ello. En la Casa XII encontramos el todo y la posibilidad de sentirnos parte de él, incluso de escaparnos hacia otras dimensiones. A los enemigos ocultos, pero también a los aliados ocultos y a quienes nos protegen en secreto. Y “causalmente” esta casa es la casa del inconsciente colectivo, del karma (para algunos).
La mitología nos permite dar forma al arquetipo sin caer en endiosar la energía, pues el único dios que habita en nosotros y en nuestra galaxia es el Sol, la fuente de energía, el resto de los planetas giran entorno a él, de ahí que uno de los rasgos característicos de Leo sea sentirse el centro, pero el centro de Leo es un centro de creatividad, de amor, de corazón; la divinidad que habita en cada uno de nosotros; el niño interior. Y nosotros, los humanos, habitamos en la Tierra.
Urano es el primer dios del Cielo, y del espacio infinito. Representa un principio aéreo, asociado a lo ilimitado, al mundo de los ideales y visiones que contrae matrimonio con un principio terrestre. La unión de Gaia y Urano da lugar a los Titanes, gigantes de los que desciende la raza humana. Después los cíclopes y otras criaturas mitológicas. Urano no estaba conforme con lo que producía su simiente y se sentía desilusionado de su progenie, los veía imperfectos, toscos y feos y por eso los volvía a meter a la fuerza en le vientre de su madre (Gaia, la Madre Tierra). Los escondía donde no pudieran ser vistos (el inconsciente); lo que hacemos la mayoría de nosotros con aquello que no nos complace (esto es lo que muestra la naturaleza de Urano en la carta). En la concepción mental e ideal, las cosas parecen perfectas, pero cuando nacen al mundo de la forma adquieren su verdadera dimensión y nunca son tan perfectas ni agradables como las imaginamos, pues la realidad difiere de lo ideal (Urano/Saturno). ¿Por qué es así si el pensamiento crea? Precisamente porque nuestro pensamiento crea, nuestro inconsciente, también y no es posible que exista luz sin oscuridad, consciente sin inconsciente, la Luna sin el Sol. Así es como destruímos o negamos lo creado y empezamos de cero persiguiendo el ideal, característica propia de los uranianos o acuarianos que llevan consigo a un eterno inconformista. Cuando un tránsito de Urano se acerca en la carta natal, la esfera (casa) se activa e inquieta propiciando un cambio, la implementación de algo nuevo, porque lo ya existente es aburrido, monótono o disgusta. Un tránsito de Urano traerá siempre la necesidad de un cambio y es cuando empezamos a preparar los medios para poder dar nacimiento a ese cambio que seguramente nunca será como lo imaginamos. Pero quién apuesta y arriesga es el Sol, la voluntad, el que manifiesta ese “quiero” (Casa V) a un nivel consciente para obtener los resultados deseados (Casa XI). No hay que obviar que Urano roba el fuego divino para dárselo a la humanidad y ese fuego es la Llama Trina en términos metafísicos, la cual habita en la Cámara Secreta del corazón (Leo).
A la Madre Tierra, Gaia, le perturbaba el proceder de Urano frente a su progenie, por lo que fabricó una hoz de metal y le pidió a sus hijos que la usaran para castrar a su amante, Urano. Es así como el menor, Saturno, fiel a su sentido del deber y la responsabilidad, de hacer lo que los demás no hacen, llevó a cabo la tarea. Esa noche, cuando Urano yacía sobre Gaia, Cronos corta los genitales de su padre y los arroja al mar. Esto nos muestra que Saturno en comunión con Gaia (su madre), es el que bloquea o amputa el potencial creativo de Urano. Lo cual hace que estos dos planetas no puedan estudiarse, y entenderse, por separado en sus tránsitos. La vida y manifestación de uno está ligada a la del otro, y viceversa, simbolizando la dualidad de la psique humana entre mantener el status quo, lo conocido, la seguridad y estabilidad versus el impulso de innovación, avance y progreso, la necesidad de variedad y cambio; de evolución. A la inversa, cuando la preservación saturnina estanca las cosas y se empieza a sentir el olor a rancio, suele intervenir un tránsito de Urano que da lugar a la renovación. En ocasiones de forma violenta y repentina, otras, de manera más suave y armónica permitiendo asimilar el cambio.
Debemos entonces analizar la carta natal para ver qué prevalece o cobra mayor fuerza: el deseo de preservar, la obligación y el deber; o el cambio, la evolución y el progreso.
Cuando las gotas de sangre de los genitales de Urano tocaron la Tierra, nacieron las Furias: Alecto, Tisífone y Mégera; la Envidia, la Venganza y el Odio. Si en la vida bloqueamos o negamos la necesidad de cambio en nosotros, emergerán las Furias, que se presentarán en nuestra vida bajo diversas formas, proyectando estos sentimientos hacia afuera e hirviendo de resentimiento por dentro ante la libertad que otros expresan, lo cual conducirá a un sentimiento de cansancio, depresión o apatía como consecuencia de haber castrado el propio potencial. He aquí la advertecia de Urano cuando despliega una oposición o cualquier otro aspecto tenso en la carta o a su propia posición natal. Ahora bien, si Urano logra introducir el cambio, será Saturno quien se sentirá enfurecido y se alzará contra nosotros por haber quebrado el orden establecido, siendo las personas de nuestro entorno las que nos someterán a duras críticas y mensajes de cautela y prudencia, que querrán que consideremos lo que estamos haciendo, el cambio que estamos manifestando, la persona o personas que estamos dejando entrar a nuestra vida… Nuestro cambio pone en riesgo la estabilidad saturnina de quienes nos rodean y en este caso, las Furias nos atacan desde el exterior.
Afortunadamente de los genitales de Urano no solo nacieron las Furias, sino que el mito cuenta que Cronos (Saturno), arrojó el falo de Urano al mar, donde se confunde con la espuma dando lugar al nacimiento de Afrodita (Venus). Venus representa un principio de armonía, belleza, equilibrio y diplomacia; nace del conflicto entre la conservación de Saturno y la necesidad de ruptura y cambio de Urano, lo cual indica que existe la posibilidad de presentar ideas novedosas y avanzar hacia el cambio de manera equilibrada y diplomática de tal forma que no parezca una amenaza para el status quo o el orden establecido.
Urano, arquetípicamente, tiene la tendencia a hacer añicos a Saturno, mientras que Saturno responde plantándose con firmeza en su posición asegurándose con ello que no haya ningún cambio. La estrategia consiste en que Urano evolucione hacia un aspecto más venusino y conciliador y por tanto, menos amenazador, que logre sacar de Saturno una actitud más flexible transmitiéndole que de lo viejo es posible conservar lo mejor, pero que habrá que hacerle espacio al cambio eliminando aquello que nos limita sin dejar de precavidos. Si logramos que la expresión de Urano sea más suave y considerada, conseguiremos el cambio deseado sin necesidad de destruirlo todo y empezar de cero. Los tránsitos de Urano siempre se hacen sentir por opción o por coerción y conservar aquello que debe cambiar es la fórmula más segura de atraer inconvenientes, imprevistos y sorpresas nada agradables a nuestra vida bajo un tránsito de Urano.
Cuando desafiamos el orden establecido y a la autoridad imperante, es casi inevitable despertar a las Furias, mientras que si no escuchamos ni respetamos nuestra necesidad de cambio, las Furias atacarán desde dentro. Urano está ligado a la historia de Prometeo, uno de los Titanes, el cual desafió a los Dioses, ya que tenía la capacidad de ver los acontecimientos antes de que estos sucedieran (de ahí la cualidad de visionario). Cuando Zeus (Júpiter) estaba en guerra con ellos, previendo los resultados, se alió a él sabiendo que vencería (de manera que existe una colaboración entre Urano y Júpiter, dos fuerzas que aspiran a la verdad y al ideal desde el principio de libertad jupiteriano y la liberación uraniana). Las cosas fluyeron felizmente entre ambos por largo tiempo, Urano presenció el nacimiento de Atenea, la cual nació de la cabeza de Zeus (el conocimiento superior), y la diosa le enseñó a Prometeo astronomía, arquitectura, matemática y otros saberes importantes. Con el paso del tiempo, Urano despertó a las injusticias que le rodeaban y decidió otorgar su conocimiento a la humanidad, ya que no le resultaba razonable que solo los dioses tuvieran dominio del saber. Zeus se enfureció ante su transgresión y condenó a la humanidad negándole el don del fuego. Prometeo, un rebelde natural, no quedó conforme con esto, así que procedió a robar el fuego que ardía en el Monte Olimpo y lo ofreció a la raza humana. Como castigo, Zeus lo encadena a una roca en el monte Cáucaso donde un buitre devora su hígado todas las noches.
Prometeo representa el impulso uraniano de innovación, de avance y progreso, de cambiar la realidad para ser más y mejor. Es la parte de nosotros que se aleja del origen animal y persigue su propia superación apartándose del dominio de los instintos. Zeus (Júpiter), en este mito es la parte que se resiste a la divulgación del saber, que no quiere que se den a conocer los secretos de la ciencia y los privilegios que ello otorga, es la parte de nuestra psique que demanda un precio, el precio a pagar por evolucionar y crecer.
Los tránsitos de Urano siempre nos regalan un atisbo de nuestra mente divina, de hacia dónde debemos innovar y cambiar nuestra vida; una certeza que nos invade, incluso una visión.
Saturno, hijo de Urano, es el planeta que se encarga de dar forma ordenada a la vida social y hacer cumplir las normas, leyes y reglamentos, ya se por parte del Padre, el Estado o cualquier figura de autoridad dominante en nuestra vida.
Pero como toda energía es neutra, Saturno presenta dos caras al ser dirigida. Cronos no puede estar completo si no se reconocen ambas polaridades. Cuando reconocemos el dolor que nos ocasiona la restricción, la prohibición o las limitaciones y hacemos provecho de la enseñanza recibida, descubrimos al príncipe que nos ofrece la experiencia, una mayor consciencia y plenitud de nosotros mismos. La maestría saturnina no se logra solo conservando lo bueno y desechando lo no deseado de nosotros mismos, sino por medio de la integración de todas las partes; reconociendo el lugar y función que cada una cumple en la totalidad que somos. En otras palabras, cuando se logra amar a la bestia, esta se convierte en el príncipe azul. Y tal vez el cuento de La Bella y la Bestia sea uno de los relatos más saturninos.
Cuando nos encontramos a una bestia furibunda que nos inspira temor, recelo, desconfianza y toda clase de sentimientos que aconsejan distancia y prudencia, es mediante la tolerancia, la comprensión profunda, la paciencia, estabilidad y constancia, que lograremos acercarnos a ella. Debemos aprender a cooperar con las partes de nosotros mismos y de los demás que interpretamos como negativas, restrictivas o limitantes y bucear en el por qué de su existencia, qué rol cumplen en nuestro proceso evolutivo y la formación de nuestra consciencia. No hay que obviar que la materia prima que usaban los alquimistas para encontrar el oro se llamaba Saturno.
Pero así como Saturno destronó a su padre, el oráculo anunció a Cronos que sería destronado por uno de sus hijos varones. Por lo que Cronos, fruto de la angustia y ansiedad causada por la amenaza, devora a cada uno de sus hijos al nacer, intentando impedir que se cumpla la profecía. Sin embargo Rea, la hermana y esposa de Saturno, tras haber dado a luz a cinco hijos (Demeter, Hera, Hades, Hestia y Poseidón), esconde y protege al sexto, el menor de ellos, Zeus (Júpiter) en Creta, a quien educa e instruye en secreto al engañar a Saturno ofreciéndole una piedra envuelta en pañales la cual devora sin titubeos. Tras derrotar a Urano, Cronos volvió a encerrar en el Tártaro a los Hecatónquiros y los Cíclopes, a quienes temía, y los dejó bajo la custodia de Campe subiendo al trono junto a Rea como reyes de los dioses, y esta época se denominó la edad dorada, pues no se requerían leyes ni reglas: todos hacían lo correcto y no existía la inmoralidad. En la mitología romana encontramos algo similar, y aunque Saturno no era un dios cruel y caprichoso como su contraparte griega Cronos (tiempo), es llevado a Roma por invitación de Janus, donde establece una sociedad libre de delincuencia, guerras, pobreza, injusticias y servidumbre que dirigió con mano dura y rigurosa. El mito alude tanto al carácter disciplinario de Saturno como a su ambición y deseo de orden riguroso. Al fin y al cabo Saturno destrona a Urano por ser algo déspota y caprichoso, imposible de abordar o domar.
Rea mantuvo oculto a Zeus en una cueva del monte Ida en Creta. Según algunas versiones de la historia, Zeus fue criado por una cabra llamada Amaltea, mientras una compañía de Curetes o Coribantes, bailarines armados, gritaban y daban palmadas para hacer ruido y que así Crono no oyese los llantos del pequeño. En otras versiones Zeus era criado por una ninfa llamada Adamantea, que lo escondía colgándolo con una cuerda de un árbol, de forma que quedara suspendido entre la tierra, el mar y el cielo (sobre los que gobernaba su padre, Cronos). Y en otras, Zeus era criado por su abuela Gea, por una ninfa llamada Cinosura, a quien en agradecimiento Zeus subió entre las estrellas tras su muerte; o por Melisa, hija de Meliseo, rey de Creta, que junto a sus hermanas Ida y Amaltea escondieron al pequeño Zeus en una caverna del monte Ida, en la Isla de Creta y lo alimentaron con miel y la leche de Amaltea.
Cuando creció, Zeus usó un veneno que le dio Gea (Gaia) para obligar a Cronos a regurgitar el contenido de su estómago en orden inverso: primero la piedra, que se la dejó a Pitón bajo las cañadas del Parnaso como señal a los mortales, y después al resto de sus hermanos. Tras ello, Zeus libera del Tártaro a los Hecatónquiros y los Cíclopes, quienes forjaron para él sus rayos, el tridente para Poseidón y el casco de invisibilidad para Hades. En una gran guerra llamada la Titanomaquia, Zeus y sus hermanos derrocaron, con la ayuda de los Hecatónquiros y los Cíclopes, a Cronos y a los otros Titanes. Tras esto, muchos de ellos fueron encerrados en el Tártaro, si bien otros no (como Rea, Metis, Epimeteo, Menecio, Hécate, Océano y Prometeo, entre otros). Ante ello, Gea engendra al monstruo Tifón para vengar a los titanes encarcelados, pero Zeus termina venciéndolo a todos.
El arquetipo mitológico nos revela cómo un pequeño detalle trastocó los planes de Cronos, que angustiado por la profecía de ser derrocado por uno de sus hijos, pasó por alto “la piedra” y con ello, a Júpiter, quien finalmente cumplió la profecía repitiéndose la historia familiar entre padre e hijo. De ahí la importancia de analizar los tránsitos de Saturno junto a los de Urano y Júpiter, pues es imposible entender algo aislado de su contexto; el mito personal sin el familiar, el familiar sin el colectivo, el colectivo sin el mundial; lo consciente sin lo inconsciente.
Las técnicas psicológicas, coaching y diversas terapias aluden al Sol, a la voluntad; a la divinidad que habita en nosotros. ¿Por qué darle esos atributos a otros planetas? Venimos a ser Sol, no a ser Saturno. Y aunque ponerse en la piel del planeta ayuda a integrar su energía para que podamos utilizarla como una herramienta más de la que disponemos, endiosar a Saturno, a Urano o Júpiter supone, de algún modo, negar al Sol. La mayoría de la cartas de políticos muestran a Saturno en Casa X, no hablamos de “modelos a seguir”, ni de personas que miren por el colectivo, sino que desean y ansían el control sobre otros proporcionándoles una falsa sensación de seguridad externa que manifiesta su inseguridad interna. De igual modo sucede con el terapeuta que trabaja los miedos de sus pacientes, pero que él mismo presenta miedo al miedo, una particularidad de Saturno. Y aquí volvemos a Leo, al Sol, al héroe, al valiente. El verdadero protagonista de la vida, de cualquier tránsito, aunque ningún aspecto lo vincule, pues venimos a ser Sol.
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