El camino espiritual

Muchas personas no se cuestionan su identidicación con el cuerpo, la mente o las emociones, bajo la premisa de que están encarnadas y viven en un mundo material. Pero si damos ese valor a los cuerpos efímeros, perecederos, mortales; en definitica, al cascarón, ¿dónde queda la verdadera Esencia, el verdadero Yo, el Espíritu, la energía, lo inmaterial, lo que realmente sentimos y no podemos ver o tocar?. Cuando nos identificamos con el plano más denso, entramos en una serie de ritos, rutinas y hábitos que nos desconectan de la Verdad. Y empezamos a asumir como realidad todo aquello que corresponde a ese plano; el plano tridimensional. Nos convertimos en esclavos de la apariencia, del reconocimiento, la aceptación, la imagen, pues todo se une inextricablemente al corresponder al mismo nivel vibratorio y de frecuencia, por tanto, atraemos, reproducimos, recreamos y reafirmamos dentro de dicho nivel. Pasamos a ser esclavos de una imagen que debe estar dentro de un molde, de unos cánones: tener o mantener cierto aspecto físico, ostentar ciertos dogmas o creencias catalogados como inteligencia, cultura, educación, ser políticamente correcto y todo cuanto entre dentro del modelo establecido. Se comienzan a hacer conseciones aberrantes que pasan por modas de inflarse los labios, los glúetos, amputarse los pechos, rellenarlos, injertarse pelo, coserse músculos, extirpar costillas, meterte en la cabeza un millón de información vacúa y sin sentido que si se lleva a la práctica hace aguas y un largo etcétera que puede resumirse en una prostitución a varios niveles. Encadenados a esos grilleres de forma voluntaria (porque se puede elegir), la vida se minusvalora a un “tanto tienes, tantos vales”. A estudiar y obtener títulos, ser reconocido, tener bastantes recursos, propiedades, objetos, una pareja, viajar… Bajo esa óptica, la encarnación se reduce a un sinfín de experiencias en la materia, con la materia y por y para la materia, hasta que, un tránsito, una progresión, una alineación cósmica o lo que otros llamarían “mala suerte”, rasga el velo de la ilusión generada, alimentada y sustentada. Es entonces cuando surge la crisis: “he perdido x  y ahora no sé quién soy”, “tengo todo, pero no soy feliz”, “soy padre o madre, aunque realmente no siento la paternidad o la maternidad”, “nada me satisface, no tengo estímulo”. El estímulo como mentalmente lo denominamos, es un impulso-vida canalizado por el Alma que, a su vez, es alimentada por el Espíritu o Mónada. Cuando no hay conexión con el Alma, entra la depresión, la falta de estímulo, el motor vital por el que encarnamos y con suerte, ésta se transforma en un camino por el cual reconectar. En ocasiones, es una enfermedad, un accidente, una pérdida. Fuera como fuese, lo que unos contemplan como una tragedia, otros lo sienten como una liberación; depende del nivel de consciencia.

Encadenados al mundo de las formas no se consigue Paz, tampoco equilibrio, armonía, neutralidad…, todo será transitorio, efímero, volatil, circunstancial y a un festín donde el ego se ensalsa y engrandece glorificado por la fiesta, la compañía, el lujo o el aplauso, proseguirá la humillación, la derrota, la tristeza, la soledad, el abandono, la ira y el rencor, pues la balanza debe inclinarse nuevamente para continuar dando vueltas en el mismo círculo.

 

Es de gran ayuda observar cuales son tus verdaderas motivaciones, lo que te lleva a actuar de una determinada forma, e incluso a elegir una prenda de vestir. ¿Visitas un lugar para contemplar la belleza de la creación, para conectar con los reinos, recoger una energía o porque eso te garantiza reconocimiento, status, sensación de poder o lo haces para lucir modelito y hacerte una fotografía? ¿Te vinculas para obtener algo a cambio, por interés, por no estar solo o porque te da miedo la soledad? ¿Cuál es tu intención cuando rompes el silencio y hablas?

Hermano, hermana, el primer paso está en aceptar cuanto veas en ti, en no engañarte más, y en no juzgarte por ello, sólo acepta que es así, no entres en lucha ni conflicto con esa parte de ti que constituye tu sombra, pues aceptándola llevas luz a tu oscuridad. A partir de ahí, verás que con constancia y tenacidad, mucha interiorización y reconocimiento todo se irá colocando, abriendo, elevando… Si no te juzgas, tampoco juzgarás a nadie, ni osarás hacerlo, porque ya sabrás que cada camino, y cada Alma, es única.

Una persona consciente, sabe, internamente, que no está en este mundo para comprar casas, acumular objetos, bienes…, tampoco para ir a la universidad, casarse, tener hijos, viajar ni satisfacer sus sentidos físicos hasta empacharse. Sabe que la vida, que su encarnación, es efímera, que los atributos que le son dados son herramientas que debe cuidar, honrar y respetar y que una vez parta, muera, se libere del cuerpo físico, del cuerpo emocional y del cuerpo mental, lo que corresponde a cada plano, quedará en él siendo absorvido, y que la eternidad existe más allá de éstos. Por tanto, sus sentidos se abren superando la mera ilusión del mundo de las formas al identificarse con su forma inmaterial e inmortal, y pasa a estar en el mundo sin ser del mundo. Esto no es algo que se da en una sola encarnación, para que un Ser alcance este punto evolutivo, ya se ha embriagado en anteriores encarnaciones del mundo de las formas y buscado “algo más” adentrándose en el camino espiritual. Cuando hemos experimentado el suicidio y lo que comporta, tenemos muy claro que es algo que no haríamos y ni lo contemplamos. De igual modo, cuando no consumimos ningún tipo de drogas, y “eso no va con nosotros y no nos atrae en absoluto”, ya experimentamos en anteriores encarnaciones con ellas al grado de aprender la lección, que se graba en el alma. Cuando las drogas nos atraen o “nos gustan”, aún tendremos que tocar fondo en el aprendizaje, lamentablemente, el libre albedrío hace que sólo aprendemos muchas lecciones cuando sufrimos. Puede que aún nos quede alguna encarnación más en la que “perdamos” personas allegadas a causa de las drogas, que alejemos de nuestra vida a otros por el mismo motivo o que esas sustancias nos lleven a nuestra propia perdición. Y este ejemplo podemos extrapolarlo.

La decisión a tomar es fundamental, pues tener un pie entre dos canoas, provoca, como mínimo, un tremendo dolor muscular. No podemos decir que somos Esencias encarnadas si no somos coherentes y consecuentes, si no actuamos, pensamos y sentimos conforme a ello, y seguimos dando importancia a lucir el deportivo, manteniendo la colección de zapatos, el maquillaje, los libros de Freud o el título colgado de la pared. Es una incongruencia dar valor a algo que sabemos no lo tiene o fingir que no nos importa. Si realmente lo material tiene una vital importancia para ti, probablemente aún necesites experimentar el envolvimiento con la materia hasta el punto de desequilibrar tus cuerpos, y eso es tan respetable como los distintos niveles de evolución y consciencia que habitan este mundo. No se puede realizar un camino espiritual y elevar la vibración si te ves como un objeto, algo meramente físico y material, y usas a los demás del mismo modo, si te relacionas y vinculas desde el interés, la seguridad, la dependencia, si contribuyes al sufrimiento del reino animal ingiriendo sus cadáveres, si generas desequilibrios que activan la ley kármica para ser corregidos; equilibrados, si actúas en contra de las leyes naturales y suprafísicas; espirituales; en contra de la vida, de la creación, de ti mismo.

En el camino espiritual no hay un término medio, no existe un envolvimiento emocional con la materia o una escapadita para posturear, esos titubeos y esas dudas pertenecen a otro nivel evolutivo y no casan con la verdadera aspiración, la voluntad, la Fe y la entrega de quien en su periplo ya conoció la Luz.

SIKIUK

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