Les propongo que cierren los ojos e imaginen a la persona que aman susurrándoles al oído “quiero que seas mía/o”. ¿Qué efecto han ocasionado estas palabritas mágicas? ¿Han sido como un hechizo? ¿Se ha erizado tu piel? ¿Un torrente de emociones ha recorrido cada una de tus zonas erógenas cual seísmo al pensar en…





