la luz al final del túnel

El proceso de desencarnar

Uno de los temas tabú y que más limita, y aprisona al ser humano, es la muerte. Un egregor enorme que ocupa el aura del planeta Tierra está alimentado por el miedo a morir, que no es más que la ignorancia de dicho proceso.

Dicho egregor se deshace lentamente a través del despertar de cada Alma, de los procesos iniciáticos por lo que se atraviesa y de soltar el sufrimiento, otro egregor que genera pena, pues atrae y resuena con el sufrimiento ajeno alimentando y nutriendo el propio y dicho egregor. El sufrimiento es un enganche al dolor, la reproducción mental y emocional de confort de determinadas circunstancias (rol de víctima), y sí, es una elección fruto del libre albedrío, porque el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.

Se muere como se vive, de hecho, morimos y afrontamos el proceso de liberarnos de la materia en función del nivel de conciencia que tengamos en ese momento; morimos tal y como vivimos. Y si no entendemos la vida, tampoco la muerte.

Hay muertes iniciáticas que suponen un antes y un después, un punto de inflexión y que implican un desapego total a la forma física (cuerpo físico-etérico), al plano mental (cuerpo mental) y emocional (cuerpo astral) que constituyen el ego, proceso imprescindible para atravesar el bajo y medio astral, hasta alcanzar el Cuerpo de Luz. En dicho viaje, te vas desprendiendo de cada capa como si de un vestido se tratase, pues no te identificas con dichos cuerpos. Un proceso como este (y que vivimos cada noche al dormir) es idéntico al proceso de desencarnar, salvo que muchas almas quedan inmersas en el bajo astral ancladas durante un largo periodo por su identificación con los cuerpos más densos, pensamientos de culpa, emociones de apego… Durante el sueño diario, podemos también quedar inmersos en el bajo astral con “reproducciones mentales y emocionales de miedos y angustias”, por ello, es importante que tomemos consciencia de la relevancia que implica dormir, y que nos preparemos cada noche para ello, pues sólo cuando contactamos los planos álmicos nos vitalizamos.

Cuando nos apegamos fuertemente a la materia, a lo que hemos sido hasta ese momento en la actual encarnación, nos quedamos aprisionados en esa masa inerte, fría y asfixiante hasta que salimos del cuerpo y el pavor nos invade, queremos regresar porque no aceptamos que hemos muerto a esa forma, que carece de vida, de movimiento, de energía, pues ya cumplió su función… Algunas personas viven una experiencia similar cuando hacen un viaje astral consciente y el ver su cuerpo inmóvil en la cama les provoca tanto pavor que vuelven a introducirse rápidamente en él. El cordón de plata o cristalino es el que conecta nuestros cuerpos sutiles al cuerpo físico, y cuando ese cordón es cortado por nuestro Espíritu/Alma, comienza el proceso de partir. Aquí lo importante es no apegarse a la forma, aceptar que has muerto y que nada puedes hacer/deshacer. Cada fase cuenta con una puerta, que nos lleva a desprendernos de un cuerpo denso (primero el físico, después el emocional y finalmente el mental hasta llegar al cuerpo intuitivo que corresponde al Alma) esta puerta, según nuestro nivel de consciencia, puede ser una puerta de miedo, incertidumbre, oscuridad, y lo recomendable es orar, rezar, mantrear; hacer ese famoso salto de Fe. Todo estará bien, ya no hay cuerpo para actuar o materializar, acéptalo, eres más que eso, y ahora lo puedes constatar. Tras este paso el cuerpo mental y emocional puede hacer que veas, reproduzcas o te quedes durante un espacio temporal, que nada tiene que ver con el tiempo humano, en lo mismo, es decir, reproduciendo los momentos previos a tu muerte, hechos pasados, e incluso que en función de tus creencias se presenten algunos familiares, personalidades, Gurús… es el momento de hacer otro salto de Fe y pedir que si lo que se muestra es Luz, te acompañe y si es Oscuridad, se marche mientras lo bendices. Y es ahí cuando alcanzas el Cuerpo de Luz que te permite acceder a dimensiones más elevadas o retornar a tu hogar estelar y salir de la rueda del Samsara (rueda de encarnaciones).

Lo que hace que encarnemos una y otra vez es quedarnos en el cuerpo etérico inundados de culpa por lo que hicimos o no, y se nos invita a volver para equilibrar o enmendar a través de la Ley del Karma, pero lo cierto es que el único juez es uno mismo, y afuera materilizarás y atraerás energías que resuenen con ese infierno (que no es más que tu propia culpa e ignorancia sobre lo que enrealidad eres)  y a “los lobos con piel de cordero que han aprendido a hablar el idioma de la Luz”, pero que lo único que harán es que te apegues aún más a tu cuerpo etérico (mental y emocional). Y esta elección, como todas las anteriores, es fruto del libre albredrío, igual que decidir orar, rezar, mantrear, reivindicar la Luz y realizar el salto de Fe, a ciegas, a oscuras, en eso consiste.

Si se cree que la vida no es más que trabajar, tener pareja, poseer bienes, disfrutar, comer, viajar, tener hijos, una casa, un coche, sufrir… ¿Cómo crees que será la muerte? Si se muere como se vive y crees que no tienes responsabilidad ilimitada y absoluta sobre ti y dependes de una autoridad externa o atribuyes y legas a otro la responsabilidad, ¿cómo crees que será tu muerte?

Es lo inmaterial lo que sustenta lo material. Es lo invisible lo que sustenta lo visible. Y los eclipses Tauro/Escorpio pondrán en evidencia el valor de lo inmaterial y el proceso de desencarnar.

El nacimiento es un evento físico en el que nuestro Ser encarna y la muerte es el proceso en el que nos liberamos de ese cuerpo, pero no somos seres físicos, de ahí que este traje sea temporal.

Que vuestro viaje esté lleno de Luz y Amor; de Paz. Bendiciones.

SIKIUK

Se recomienda la lectura del libro “La muerte sin miedo ni culpa” de José Trigueirihno y sus conferencias al respecto.

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