Allí estaba su cielo

Sostenía entre las manos una taza humeante que desprendía olor a café. Sus profundos ojos atravesaban obsesivos el cristal de la ventana. Pensó en Karl Dönitz y en los submarinos. En el kirigami y el origami; en los barcos de papel. En la luz de las farolas. En el tubo de rayos catódicos y su cañón de electrones…, en Tritón y el cinturón de Kuiper…

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Faltó tan poco

  “Te imagino dejando que pasen las horas… Con la vista perdida en el infinito… Solo por curiosidad, qué hace el tiempo con uno, cuando uno no hace nada con el tiempo”. Podrías esforzarte, evolucionar; elegir. Quien nada tiene, nada pierde, aunque hoy no, mejor otro día. Pero si ayer no termina nunca, nunca llegará otro…

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Escribiendo

Traicionar-se

Traicionarse implica quebrantar el único contrato válido: el que tenemos para y con nosotros. Ese que nos dicta el alma, el que nos impulsa a crecer, a mejorar e incluso a transitar sendas aparentemente imposibles. Ese empuje que sentimos y que nos obliga a arriesgar, a superarnos, a enfrentar los miedos, a ser valientes y a convertir nuestros sueños en realidad. ¡Y a la mierda todo lo demás incluso el qué dirán!

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