Sumar letras

Algunas palabras se intensifican con el momento: Lágrimas. Alegría. Miedo. Soledad. Silencio. Tranquilidad. Amistad. Familia. Responsabilidad. Amor.

En el sótano de cada una sigue vibrando su esencia, pero, según la conciencia, adquieren una nueva dimensión.

Puede que suene ilógico eso de “sumar letras”, pero desde que aprendí a leer es algo que hago sin darme cuenta. Busco la definición de algunas en la RAE y cuando converso con alguien trato de entender el significado que tienen para él, o ella; si suma o resta. Observo cómo se pone el foco en palabras como familia, precio, valor, conducta, mujer, hombre, dignidad, instinto… Letras sumadas que desprenden algo más que un mero sonido, que te cuentan una historia, una forma de entender y ver el mundo con unas gafas que no son las tuyas. Leo palabras en artículos dedicadas a eso que según el orden establecido una persona debió hacer y no hizo, una crítica constante que se empeña en señalar con el dedo, en juzgar y sentenciar cuanto teme; cuanto no acepta.

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Conozco personas que se empeñan en sumar letras mientras la sociedad les sigue recordando que solo se “pueden” sumar números. Personas que suman sin ser cifra de ninguna cantidad. Tal vez todo esté ahí: en la importancia de construir palabras. Palabras que creen puentes, que sumen. Tal vez todo esté ahí, en reflexionar sobre el pasado y aprender las lecciones que éste nos deja, en fortalecer el compromiso con nuestra vida personal, nuestro trabajo y ética como individuos reconstruyendo las ilusiones colectivas gracias a las experiencias personales, pues solo aquellos que creen que pueden cambiar el mundo, a través de su mundo, lo consiguen. Y quienes trabajamos con el lenguaje sabemos hasta qué punto la corrupción de las palabras es un síntoma de la corrupción de la sociedad.

Artículo publicado en Libre Diario Digital