Imagen personal desierto del Sáhara, Merzouga

Solsticio de verano 2019

Este viernes, 21 de junio, el Sol ingresa en el signo de Cáncer dando lugar al solsticio de verano en el hemisferio norte y al de invierno en el hemisferio sur. Con la entrada del Sol en Cáncer vivimos el día más largo del año, a partir del cual la noche aumenta y el día se reduce. Con la entrada del Sol en Capricornio, se produce la noche más larga, tras la cual, esta se acorta y el día se alarga, lo que se conoce como “el amanecer del año”. (A la inversa en el hemisferio norte y en el hemisferio sur dando lugar al solsticio de verano e invierno respectivamente).

La cantidad de luz y oscuridad que representan el día y la noche afecta a nuestra energía vital, al inconsciente personal y colectivo y a nuestro organismo. Las posiciones en el cielo de los astros en el momento del solsticio establecen la tendencia para los próximos tres meses, cobrando especial relevancia los temas relativos a la nutrición afectiva y física, las necesidades básicas, el hogar, los bienes raíces, la propia raíz y el legado ancestral; la familia y la historia personal; las emociones. Los eclipses, Urano en Tauro, y las alineaciones que se forman durante el solsticio, nos motivan a cortar el cordón con aquello que ya no nos proporciona seguridad, centrándonos en nuevas formas de nutrición emocional y afectiva; lo viejo, cae y lo nuevo, cobra fuerza atrayendo a nuevas personas que entrarán en nuestra vida por destino y evolucionando o dando un paso más en las relaciones ya existentes (Eclipse solar en Cáncer, 2 de julio) y despidiéndonos de aquellos que ya cumplieron su función en nuestra vida, porque asumimos el aprendizaje o dejando atrás y soltando viejas estructuras que nos sostenían, formas de trabajo o intercambio que ya no servirán a la nueva etapa (Eclipse lunar en Capricornio, 16 de julio).

El Sol al entrar en Cáncer no desplegará aspectos a ningún otro planeta, de manera que estará en estado “peregrino”, la Luna, dispositora del Sol, se hallará en el signo de Acuario en trígono a Venus, y unida por dos semiséxtiles a los planetas en Capricornio (Saturno y Plutón en movimiento retrógrado) y Neptuno en Piscis (también retrógrado). Mercurio en Cáncer en conjunción a Marte y el nodo norte, recorre desde el 20 de junio grados en sombra, pues volverá a transitar dichos grados cuando inicie su movimiento retrógrado (un efecto óptico visto desde la Tierra) el 8 de julio hasta el 1 de agosto, lo cual nos dará el margen para asimilar los eventos que traerán los eclipses de apertura (nodo norte en Cáncer) y cierre (nodo sur en Capricornio) del mes de julio.

 

Durante el mes Cáncer se produce la Luna llena en Capricornio, su opuesto complementario y la Luna nueva en el signo de Cáncer, que en ambos casos, se verán afectadas por los eclipse al ser dicho axis por el que transitan los nodos lunares, lo que intensifica su energía, desencadenando una serie de acontecimientos y/o cuestiones que tendrán gran relevancia e impacto durante el resto de 2019 y 2020, invitándonos a liberarnos de cargas, fachadas, estructuras, relaciones, trabajos, imposiciones y patrones; de limitaciones y apegos, de sentimientos de indignidad, desmerecimiento y culpa, asumiendo de donde venimos y hacia donde vamos con un sentido único: el crecimiento; la madurez y la responsabilidad emocional de vincularnos y actuar desde nuestro centro, Ser interno, Espíritu-Alma, Yo Soy, estableciendo nuevas formas de relacionarnos con nosotros mismos, nuestro entorno y la materia más conscientes y plenas.

Los proyectos quedan teñidos por la energía lunar, una energía que opera desde la sombra, desde el inconsciente. Lo emocional cobra un sentido, un para qué que nos proyecta hacia un nuevo ciclo. Todo lo relacionado con el hogar, la familia y los afectos, se exalta a través de los cambios; de la novedad. La casa y el cuerpo, el recipiente que somos y que ahora goza de una mayor capacidad rompe la estructura que lo contiene de igual modo que la langosta se desprende de su exoesqueleto al crecer, lo cual nos generará un necesario sentimiento de vulnerabilidad, pues nos encontramos con la aparente incertidumbre de lo nuevo que, a un tiempo, nos ratifica las intuiciones, el instinto y el impulso que nos empuja desde el interior.

Estos tres meses serán especialmente significativos, marcando un antes y un después, sobre todo para los signos cardinales: Cáncer, Capricornio, Libra y Aries, y para quienes tengan posiciones en dichos signos.

Imagen personal desierto del Sáhara, Merzouga
Viaje a África. Desierto del Sáhara. Merzouga.

Nos han inoculado al “dios sol” y a la “diosa luna” de tal modo que a muchos les resulta difícil pensar en una Diosa Sol y un Dios Luna; un Dios Padre-Madre que no desliga lo femenino de lo masculino, y viceversa, pues es un Todo. Esto nos lleva a no reconocer la “sol-aridad” en las mujeres y por ende, el poder lunar en los hombres, proyectando ambas polaridades en el género contrario. De hecho, la astrología  tradicional proyecta la Luna natal del hombre en su pareja y el Sol natal de la mujer en el cónyuge. Según esta premisa, los hombres no sienten y la mujeres carecen de voluntad. Una negación a la propia energía que incentiva la fragmentación, dependencia, principios de escasez, dualidad y separación tornándonos en el plano mental en seres incompletos.

Uno de los aspectos más preciados de la Diosa primordial, el solar, fue apropiado por las culturas patriarcales. Y este aspecto fue atribuido a un dios o a un héroe, comenzando, su aspecto yang, a ser percibido como un atributo exclusivamente masculino. Así, los aspectos solares de la Diosa solar, comenzaron a ser ocultados, traspasados y proyectados y los aspectos lunares del hombre, negados.

Las antiguas tribus germánicas, eslavas y celtas en Europa celebraban el solsticio de verano con hogueras. Era la noche de los festivales del fuego y de la magia de amor, de oráculos y adivinación. Las parejas de amantes saltaban a través de las llamas ya que se creía que los cultivos crecerían tan alto como lo que las parejas fuesen capaces de saltar. Otra de las funciones de las hogueras era generar un impulso de la energía solar para que se mantuviera potente el resto de la temporada y así garantizar una cosecha abundante. En la antigua Suecia, un árbol en el solsticio de verano era creado y decorado en cada ciudad, el árbol solsticial, generalmente un pino. Los aldeanos bailaban a su alrededor, las mujeres y las niñas se bañaban en el río y este se consideraba un ritual mágico, destinado a atraer la lluvia para los cultivos sentando las bases del rito actual del árbol de Pascua.

Con el avance del monoteísmo, se “establece” la Natividad de Jesús durante los Festivales paganos europeos. El Festival del Nacimiento del Sol Invicto (Dies Natalis Solis Invicti) se celebraba cuando la luz del día aumentaba después del solsticio de invierno en el hemisferio norte, en alusión al “renacimiento” del sol, desde el 22 al 25 de diciembre. El nacimiento de Cristo ocupa el lugar de otros dioses solares: Mitra, Dionisos Lenaio, Helios… La celebración del Solsticio fue suprimida por la iglesia católica, difundiendo la fiesta de San Juan, ligada al verano del hemisferio norte, días después.

Es interesante observar como, desde tiempos inmemoriales, el estar en contacto con los ciclos y celebrar los rituales en ceremonias comunitarias, contribuía al bienestar grupal. La falta de luz solar en los cortos días del invierno aumenta la secreción de melatonina en el cuerpo, empujando el ritmo circadiano de sueño a uno más largo. El ejercicio, así como diversas técnicas pueden revitalizar el cuerpo en el invierno y aliviar la apatía por la disminución de la secreción de melatonina, el aumento de la serotonina y la creación de un patrón de sueño temporal. Los festivales y celebraciones en la noche más larga del año, a menudo con uso ramas de árboles perennes, hogueras, fuegos artificiales y por la noche, un esfuerzo físico por el baile y el canto; la alegría, son ejemplos de terapias culturales de invierno que han evolucionado como tradiciones desde el nacimiento de la civilización. Estas tradiciones pueden mitigar el malestar, reiniciar el reloj interno y reavivar el espíritu humano re-conectándonos.

Les propongo reflexionar sobre estos significados, sobre creencias impuestas, historias que se repiten a nivel personal y familiar, en los ciclos de la tierra y de los astros, y nuestra relación con ellos. Pero sobre todo con nuestra “sol-aridad”, nuestra consciencia, nuestro poder de creación, de establecer vínculos desde el alma y la capacidad de recorrer el camino hacia la individuación desde nuestro centro; integrando nuestra polaridad yin y yang como parte del todo que ya somos y que nos conecta unos a otros, porque en una parte de ti, existo y tú existes en una parte de mí.

¡Feliz Solsticio!

*Imagenes: Al calor del fuego, Merzouga.