Positano Dácil Rodríguez

Seré todo, seré nada…

Positano Dácil Rodríguez

 

Yo misma he sido una cuerda tensa; y sin que me tocase dedo alguno emanaba de mí, temblando, el sonido. De un golpe sentí que en el aire ondulaban cuerdas vibrantes de estrella a estrella y todas y cada una de ellas, atravesaban mi corazón. La legión de soldados falleció en su desfile desapareciendo en batallones como sombras confusas durante una revista nocturna; y todo se ha vuelto claro dentro de mí, sereno y quieto; todo se ha vuelto alegre, de la alegría del desierto sobre el que todavía no haya puesto pie el hombre.

Eras tú quien miraba al mar. Yo miraba tus ojos, y descubrí el mar y el cielo, y aún otros cielos.

Esa escena se dibuja en mi cabeza, esa barca con las velas amainadas sobre la que nunca he navegado, o sí… He sido barca, si quieres; y si no quieres, entonces he sido todo. Y además he sido nada.

No volví a mirarte a los ojos, simplemente tuve fe en ellos, y eso, es más profundo que mirar.

Cuando me haga falta sé que los volveré a encontrar; por ahora seré una barca con las velas amainadas; seré todo, seré nada.

En el momento en que se amontonen sobre mi océano nubes tempestuosas, enmarañadas, y un viento desgarre furiosamente las velas, alzaré los ojos buscándote y ahí estarás, con esa mirada tranquila y serena como el cielo que duerme sobre nosotros. Y el huracán se alejará sin dejar rastro, llevándose consigo el retazo de tinieblas.

¿Qué obstáculos infranqueables no se creará a sí mismo el amor cuando ose poner los ojos en los tuyos?

Se esparce una gran calma sobre la Tierra, sobre el mundo; y roza tu frente fría un glacial beso de la Luna envuelto en llamas.

 

Imagen, Con el viento a favor, Positano, Costa Almafitana, Italia.

Mientras la tierra duerme, próximamente a la venta.

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