Nodos lunares en el eje Cáncer/Capricornio; una nueva forma de sentir, y de amarnos

El pasado 13 de julio de este año se produjo el primer eclipse en el signo de Cáncer, meses después, los nodos han ido avanzando en su movimiento hasta conquistar el eje Cáncer/Capricornio, que será el axis que trabajaremos y al que nos llevarán tanto las lunaciones como los eclipses, con objeto de ir hacia nuestro propósito vital, nuestra verdadera identidad: el Sol.

Los signos que soportarán el mayor peso de este tránsito nodal serán los Cardinales, pero sobre todo los nacidos con Sol, Luna o Ascendente en Cáncer, así como quienes tengan sendas posiciones en el signo de Capricornio, el cual abandera el nodo sur. No obstante, todos trabajaremos la temática base que ambos signos y regentes representan, es decir; la figura materna y paterna, nuestra vida íntima y profesional, nuestras raíces familiares, historia personal, legado ancestral y transgeneracional, nuestra proyección social, status quo, estructura así como nuestras necesidades afectivas y nutricionales.

La manera en que nos nutrimos física y emocionalmente nos indica cómo nutrimos a otros y la medida en nos sentimos seguros y contamos con un refugio lunar sólido, manifiesta cómo hacemos sentir a otros en casa, cómo generamos la confianza, el calor y la cercanía.

Somos lo que nos acoge y lo que acogemos.

En nuestro interior habitan numerosos “yoes”, múltiples identificaciones y una sola identidad que evoluciona a golpe de un propósito marcado, definido. Lo que somos depende, en gran medida, de nuestros compañeros de viaje; nos amoldamos y adaptamos a sus costumbres sin darnos cuenta de que dejamos atrás versiones que quizás otra persona, y otro horizonte, sabría despertar. Supongo que los vínculos más sanos y elevados son aquellos que consiguen desapegarnos de las identificaciones y conectarnos a nuestra verdadera identidad haciéndonos sentir más plenos, aquellos que activan un sentimiento que promueve el despertar por aquel que despierta, que permiten al otro ser quién es y también, quién está llamado a ser.

Nos define lo que nos acoge. Lo que decide acogernos y lo que nosotros, libremente, decidimos que nos acoja. Quizás sintamos que aquello que nos define sean nuestros amigos, nuestros  logros y sueños, o nuestro equipo de fútbol, pero no hay nada que nos defina más que las personas con la que hemos decido compartir la vida; la familia elegida.

A lo largo de la vida somos cuanto nos atrevamos a ser en el camino. Y en ese andar, hay daños y dañados; lágrimas. Hay vacíos que creemos que no volverán a llenarse, que parecían agujeros negros, pero que, en realidad, no lo eran. Hay relaciones que se acaban y nos llevan a descubrir una versión mejor al lado de alguien con el que nos sentimos capaces de todo, aunque todos sepamos que hay tantos lunes como viernes en el calendario.

No es fácil sentir lo que sucede sin saber muy bien por qué y expresarlo sin más. No es fácil hablar de maternidad sin cordón umbilical, del daño que se hace a los hijos usándolos como escudo para batallas propias. No creo que haya nada más difícil que esa mirada tan delicada sobre lo pequeño, lo simple, lo más básico, eso que deja heridas abiertas dispuestas a sanar. Eso, es Cáncer.

La forma en que nos adaptamos e incluso el grado de adapatación, viene definido por la Luna natal, la cual también simboliza el inconsciente. No es posible trabajar con la energía de otros arquetipos planetarios sin haber integrado la energía lunar, pues dicho satélite simboliza “lo básico”, la raíz, las necesidades emocionales, afectivas y nutricias. En una primera instancia, la Luna representaría la base de la Pirámide de Maslow, con la salvedad de que para cada uno de nosotros esas necesidades quedan teñidas por el guión, casa y aspectos que presente nuestra Luna natal, así como la fase lunar en la que se hallaba en el momento del nacimiento.

La Luna es el arquetipo femenino por excelencia, por lo que expresa el primer encuentro con dicha energía desvelando el patrón aprendido o “mamado” de nuestra madre o aquella figura que hizo las veces de ella simbolizando cuanto necesitamos para sentirnos emocionalmente satisfechos; nutridos. La Luna también simboliza el vínculo raíz; el sentimiento de pertenencia a un lugar o región, la cultura popular, las tradiciones, el pasado, nuestros ancestros, el pueblo… Si encontramos limitación en alguna de estas áreas, es un indicador de no haber integrado la energía lunar. Y si algo limita el presente, lo seguirá haciendo a futuro.

La Luna y Saturno están íntimamente ligados ya que, como opuestos complementarios, ambos se contienen. Sin una buena base; necesidades lunares, no es posible erigir estructuras; necesidades saturninas.

Una Luna en Acuario, por ejemplo, puede conservar un sentimiento de abandono o desarraigo que limite su día a día, pues en ella resuena una emoción que vaticina constantemente que su pareja o su mejor amiga van a abandonarla cada vez que asocie un hecho con una emoción similar a la que protagonizó en su infancia, u optar por desencadenar el abandono para no tener que revivirlo, repitiendo inconscientemente el patrón emocional con objeto de liberarse del mismo. No obstante, lo que consigue es encadenarse aún más a dicho patrón, por lo que el sentimiento de vacío aumenta al reaccionar en lugar de actuar. Hay casos y casos: casas y aspectos. Y podemos encontrarnos con una Luna en Cáncer en trígono a Urano para la cual su patria reside en un lugar distinto al que nació e incluso en un mundo abstracto o que pertenece al intelecto: la ciencia, los libros, las nuevas tecnologías. Una Luna un tanto futurista que relaciona el pasado y el futuro, eléctrica, excéntrica, pero cálida y que creará su propio refugio y establecerá vínculos afectivos a partir de la combinación de dichas energías. Aparentemente la Luna y Urano no son nada afines. Pero si algo nos demuestra la astrología es que “toda energía es tan capaz de mezclarse e integrarse, como de bloquearse o dividirse sin dejar de ser parte de un todo”.

La Luna puede crear, materializar, al igual que Saturno, situaciones, circunstancias y eventos en los que el individuo desconoce cómo proceder de un modo equilibrado y constructivo, reproduciendo constantemente un patrón inconsciente que opera con el fin de hacerse consciente.

Sin una consciencia lunar existe un sentimiento de insatisfacción permanente que la persona tratará de disfrazar, camuflar, demandar o bloquear para cubrirlo, algo que sería similar a querer tapar el Sol con un dedo, y que elude el grado de responsabilidad personal. Se suele funcionar con el “dame, dame, dame” constante, casi eterno, pasando por alto las necesidades ajenas, que el otro esté cansado, tenga otras cosas que hacer o sus hijos le requieran, pues el patrón inconsciente no permite entender, apreciar, valorar y respetar la importancia de la identidad e independencia emocional tanto propia como ajena para construir vínculos sanos. La Luna con aspecto a Plutón trata de introducirse en la psique del otro para lograr poder personal, pero contrariamente a ello no quedará satisfecha, pues dicho poder realmente no está cimentado en su propio tesoro y capacidad regeneradora, precisando de un otro sobre el cual manifestar su “aparente voracidad energética”. Así mismo, este tipo de Luna puede atraer a personas que han integrado su Luna o su Plutón para que pueda apreciarse la falta de poder real poniendo en evidencia sus mecanismos de control y manipulación sibilina. En este caso, habrá de “desarmar el mecanismo lunar” a través de los primeros años de vida e incluso de la vida prenatal, pues existe “algo” muy profundo que anida en el individuo y que tendrá que extrapolar a varios niveles. Para una Luna en el signo de Géminis, la comunicación será fundamental, formando parte de esas necesidades básicas que precisa cubrir. Aquí el primer paso estaría sustentado en: “¿me comunico conmigo?”, ¿de qué modo lo hago?”, “¿escribo, leo, me mantengo informada?”, “¿llevo una dieta rica y variada?”, “¿descubro nuevos sabores e incluyo nuevas especias o distintas formas de cocinar y nutrirme?”.

No existen Lunas “mejores” o “peores”, ni planetas o aspectos. Una Luna en Cáncer está en domicilio y funciona eficientemente, pero si no está integrada también “hará de las suyas”. Una cuadratura puede ser un fantástico impulsor y un trígono convertirse en un talento desperdiciado. Cada ser humano es único, como únicas son sus energías y el modo en que las reconoce, integra, maneja, proyecta, bloquea, etc.

La integración lunar exige que las necesidades básicas sean satisfechas, y en el momento en qué somos capaces de atenderlas y cubrirlas, contamos automáticamente con la libertad de elegir, pues ya no se está en dependencia de otro, escogiendo con quien te relacionas, y no quien te conviene para que “no te falte compañía, asistencia, soporte, cariño, alimento, estatus o te sientas poderoso, válido, diferente, útil o necesario”. La energía lunar, femenina y receptiva, requiere que el niño interior, la madre nutricia y la autoridad paternal mantengan un  comprensivo y respetuoso diálogo que libere a la persona permitiéndole soltar y dejar ir todo aquello que limita su presente, logrando que sea consciente de que ella es la única capaz de darse lo que tanto anhela.

“Yo soy mi propia base, me amo y proveo de cuanto necesito confiando plenamente en mí, en mis talentos y capacidades, y desde dicha posición, elijo relacionarme”.

El eclipse del 13 de julio en Cáncer supuso la presentación oficial de las temáticas a trabajar y que ahora se intensifican cobrando una mayor relevancia para, finalmente, el cinco de enero, con el eclipse en el signo de Capricornio, introducirnos de lleno en la experiencia de trabajar e integrar las cualidades más elevadas de nuestra Luna natal y el área Cáncer de nuestra carta, así como de soltar la vibración más baja de Saturno natal y del área Capricornio.

Sin una buena raíz, la parte profunda e invisible que simboliza la Luna, no tiene cabida el crecimiento. Ni será posible levantar y erigir una sólida y eficaz estructura de vida mediante Saturno.

Las casas no se construyen desde el tejado: ¡empecemos, pues, por el cimiento!

Padre e hija en el árbol de la vida y Luna creciente

 

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