Luna llena en Libra: relaciones conscientes

El próximo 21 de Marzo, tras la entrada del Sol en Aries y el inicio del año astrológico, se produce el plenilunio en Libra, signo de relaciones con su regente, Venus, en el desapegado, independiente, innovador y transgresor signo de Acuario. Una Luna considerada por la tradición Wicca como Luna de tormenta y que cierra y finaliza un ciclo en materia de relaciones en el área de nuestro Mapa natal donde se ubica el grado 1 del signo de Libra. Así mismo, el próximo 19 de abril, volveremos a tener un segundo plenilunio en Libra, esta vez en el grado 29, lo cual hace que posiblemente dos áreas, casas de nuestra Carta Natal, se vean afectadas por resoluciones en materia de relaciones, vínculos y contratos formales. Para ese momento, Mercurio ya habrá iniciado su movimiento directo acercándose a la conjunción partil con Quirón y Venus, regente de la lunación, se hallará en el signo e Piscis recorriendo los últimos grados.

Con el eje Aries/Libra activo por este plenilunio y los nodos lunares en el axis Cáncer/Capricornio y Saturno y Plutón acercándose a la conjunción, lo que creemos a partir de ahora se debate entre la historia, el pasado y la tradición y la reinvención, la novedad y el momento presente para crear a futuro operando desde nuestro centro para actuar con responsabilidad. La entrada del Sol en los signos Cardinales marca los equinoccios y solsticios del año: los momentos donde creamos, generamos e iniciamos en áreas base de nuestra vida, ya que estos signos regentan Casas angulares: el yo y el tú, lo que soy y lo que proyecto y atraigo, el dar y el recibir,  la vida íntima y la vida pública, el hogar y la carrera profesional, la raíz y las ramas del árbol. La presencia de Saturno y Plutón en la férrea estructura capricorniana nos hace sentir el peso de lo cargado hasta el momento y el sufrimiento que comporta apegarse al dolor de las creencias generadas por experiencias vividas. Urano en Tauro en recepción mutua a Venus en Acuario, el nodo norte en Cáncer y Mercurio retrógrado en Piscis, nos invitan a soltar, a dejar ir viejos patrones, a sanar desde lo más profundo para abrirnos a nuevas experiencias, formas de amar y relacionarnos que sean más libres, sanas, que abanderen una patria y una raíz que reside en cada uno de nosotros, independientemente de donde nos encontremos: nuestro centro. El debate entre las normas impuestas y la libertad, se intensifica. Pero se trata de una cuestión interna. Por un lado, tenemos la madurez, la responsabilidad que porta el adulto que somos, el ser humano en el que nos hemos convertido y por otro, la frescura, la pureza, el idealismo y la libertad que confiere abrirse al mundo con ojos nuevos. Ambas polaridades cuentan con una baja vibración: la amargura que otorga el exceso de madurez, la rigidez del realismo puro y duro y el autoengaño que implica la búsqueda del ideal. Ambos extremos llevan a la frustración y al martirio respectivamente, al sacrificio en sus diversas versiones alternando roles de víctima/verdugo, castrador/castrado, el que manda y el que obedece, a luchas ni juegos de poder. Plutón en Capricornio desea alquimizar la experiencia que ha supuesto construirnos, integrarla para morir y renacer a otra escala. Se trata, por ende, de decidir desde la responsabilidad que implica el crecimiento y la madurez sin estar limitados y condicionados por el sufrimiento o viejas heridas.

Si bien el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional, y desapegarnos de ese dolor conocido, que ya es parte de nuestro día a día y de nuestros diálogos internos, de algún modo implica una pérdida que tambalea nuestros cimientos, lo que nos soporta y da seguridad, por mucho malestar que nos comporte. Muchas veces mantenemos aquello que tanto nos limita como una forma de lealtad, como si al desprendernos de ello hiciéramos de la nueva vida casi una traición. Soltar, dejar ir y liberarnos, implica un duelo, un final para un nuevo comienzo. El amor a uno mismo también reside en saber decir “no” a lo que nos hace daño, nos consume o desgasta, dejar ir y soltar aquello que nos resta, ya sea un pensamiento, una creencia, un hábito o una sustancia… Y todo esto tiene una finalidad, hacer sitio para que lo nuevo pueda crecer, decir “adiós” para acomodar aquello que ha llegado o está llegando a nuestras vidas y a lo que no podemos dar el lugar que corresponde por miedo a perder la seguridad de lo conocido.

 

La verdadera libertad no puede existir sin la responsabilidad, pues es esta última la que nos mantiene ligados a la realidad. Si la libertad se olvida de la responsabilidad, entonces ésta conduce a la utopía y a la frustración, ya que esos ideales no pueden llegar a realizarse.

 

Una de las cosas que más puede desmotivar a una persona es que su pareja se comporte de manera imprevisible, es decir, que no se sepa cuál va a ser su siguiente reacción o comportamiento psicológico. Es importante ser conscientes de que nuestras conductas, actitudes psicológicas, la manera en que nos comunicamos y los sentimientos que expresamos son un faro, guía o punto de referencia tanto para los demás como para nosotros mismos y será necesario hacer un esfuerzo para alcanzar el balance y el equilibrio interior (estar en nuestro centro) y manifestar desde ese punto.

Si bien las lunaciones conectan con los eclipses en un ciclo mayor, y estos nos movilizan energéticamente para no permanecer en el mismo lugar en términos evolutivos, nuestro libre albedrío está latente y podemos elegir a lo que nos conectamos y la forma en la que lo hacemos. Y es esta elección la que determina tanto nuestra forma de mostrarnos al mundo, ser proactivos e ir a por lo que queremos (Aries), como lo que manifestamos en materia de relaciones; lo que atraemos y proyectamos en el espejo que son los demás.

 

 

El plenilunio en Libra cierra un el ciclo emocional que se abrió el pasado 9 de octubre centrando la atención en las relaciones formales, los vínculos que mantenemos a un nivel serio, comprometido y equilibrado, y el clima general que nos regalan los tránsitos nos invita al crecimiento a través de la tensión, de la fricción entre nuestra energía femenina y masculina, independientemente de que seamos hombre o mujer. Una experiencia que nos adelanta en el espacio-tiempo, que anticipa lo que Urano en Tauro se dispone a enseñarnos a nivel mundial y que acabará por derribar los muros que mantenían la fragmentación interna de un modelo autoimpuesto que se fomentaba a través del famoso “divide y vencerás”

El Sol conjunción a Quirón en Aries intensifica la materia: la sanción del niño interior y esas heridas de la infancia a través de nuestra madre nutricia y padre interno aumentando así nuestra capacidad de sostenernos, pero también de relacionarnos de una forma más equilibrada y completa: consciente, sin proyectar en el otro esa necesidad de sostén, sino de una forma tan libre como responsable. La experiencia “nos hace” invitándonos a compartir, a comunicarnos, “a conectar”. La experiencia es ese proceso que parece “negarse o esconderse”. Esa parte de la vida, de la historia, de la realidad… El mundo real tiene limitaciones y avanzar hacia la irrealidad escondiendo las cicatrices y las heridas; la experiencia que implica vivir, nos condena, pues no hay mayor secreto para la pulcritud que hacer visibles los rincones, o como diría Ben Clark: para un aspecto limpio, y sano, añado.

Apagar el ruido mental para escuchar la melodía del alma se convierte en la premisa de Mercurio retrógrado, pero también elegir a lo que nos conectamos, a qué damos atención y por ende, valor. El trígono entre Marte en Tauro y Plutón en Capricornio es un excelente aspecto sobre el que apoyarnos a la hora de reconstruirnos, así como el liberador aspecto entre Júpiter y Urano, al que se suma Venus. Los amantes cósmicos, Venus y Marte, en cuadratura partil en el momento del plenilunio nos dejan muy claro que solo es posible abrirnos a una nueva etapa si trabajamos nuestro principio masculino y femenino, los cuales sintonizan con el inconsciente personal, familiar, social y colectivo, con la psique individual y universal, con el propio dolor y peso que cargamos cada uno, pero también, el planeta. Y esta conciliación será incómoda y molesta en la medida en que nos aferremos al pasado y al deber ser, fluyendo con mayor gracia y diplomacia si conectamos con el cambio y nos llenamos de la paciencia que todo salto evolutivo supone, pues éste requiere de un nuevo camino que solo se hace al andar.

La incertidumbre de lo nuevo que genera la entrada de Urano en Tauro se une a la incomprensión por parte del entorno de aquellos que se resisten a los cambios y las Furias pueden atacar desde dentro, cuando castramos nuestro potencial; o desde fuera, cuando aquellos que vislumbran el cambio en nosotros se ven amenazados. (Se recomienda la lectura del Ensayo: Tránsitos de Saturno: Observando a Urano y a Júpiter)

El reto está en asumir el cambio desde dentro, en la forma en que miramos ganando perspectiva y por ende, libertad. Desde este punto, es muy posible que digamos “adiós” a algunas relaciones que ya cumplieron su función, pues a través de este proceso que se abrió con el eclipse del 5 de enero en el signo de Capricornio, conectamos con personas que nos empujan a soltar viejos patrones, modelos de pensamiento y vínculos con el fin de evolucionar, de ganarnos a nosotros mismos y así mantener relaciones más conscientes y plenas. Es momento de avanzar hacia un nuevo modelo de relaciones donde nos desenamoramos del amor; del ideal autoimpuesto y el deber ser, para amar realmente a una persona permitiéndole ser quién es a través de un sentimiento que promueve el despertar por aquel que despierta.

No se trata de hacer cumplir el contrato a toda costa, se trata de que entender que, manifestamos desde la intención y creamos vínculos desde nuestro centro. La realidad nos mostrará la forma en que negociamos, si cedemos en exceso por miedo a la pérdida o nos vinculamos desde la necesidad y la carencia, desde esa escasez que dicta el “no merecimiento” revelándonos aquello que aún nos pesa o frena a la hora de mantener relaciones conscientes. El arte de relacionarnos incluye hacer concesiones para un beneficio mutuo, pero también empatía, inteligencia emocional, proactividad y respeto. Supone darse la mano y confiar, aceptando las diferencias, y si no eres capaz de aceptar tus imperfecciones y seguir amándote, tampoco podrás aceptar las de otro y seguir amándole. Probar a hacer a otros lo que les gustaría que hicieran por ellos y no hacerles lo que te gustaría que ellos hicieran, es mucho más complicado, sí: requiere invertir tiempo en contemplar a alguien y ser generoso. Pero la vida es mucho más bonita si se hacen pequeños esfuerzos y aprender a dar es tan importante como aprender a recibir. Ayudar a los que lo necesitan está muy bien, aunque lo mejor es ayudarles a que no te necesiten.

No hay nada más hermoso que viajar en compañía. Y que quien camine a tu lado mire y vea el mismo horizonte, sin embargo, él dejará sus propias huellas. Y tú, las tuyas.

El eje Aries/Libra nos enseña que los vínculos se visten de responsabilidad sin exigencias, se marchitan si no existe reciprocidad o se impone al otro un estilo de vida o forma de actuar. Que nuestras relaciones implican aceptación y respeto por quién es el otro, pero también, realizar ciertas concesiones, pues ese es el cimiento para alcanzar un acuerdo en el que todos ganan y nadie pierde.