Luna llena en Libra: nuevas relaciones y segundas oportunidades

El 19 de abril se produce el segundo plenilunio en Libra en el grado 29 (grado crítico) del signo. Los aspectos y tránsitos previos nos han llevado al crecimiento a través de nuestros vínculos y relaciones, ya sean personales, familiares o profesionales, eliminando un viejo patrón, estructura o creencia que nos mantenía aprisionados en un ciclo de repeticiones.

Nuestro inconsciente no distingue ni diferencia el pasado del momento presente, al igual que no lo hace con las personas, pues este se “engancha” y atrae a aquellos que resuenan de un modo afín con el objeto de “ver”, a través del espejo simbolizado por la Luna, lo que aún no ha sido resuelto en nuestro interior. En este caso, la Luna en Libra y el Sol en Aries, tratan de afianzar nuestra verdadera identidad y los vínculos que establecemos integrando ambas polaridades. La vibración más baja de ambos signos ancla la identidad al Ego y las negociaciones y acuerdos con otros, a un mero dar para ganar, a entregar para recibir y por ende, al reproche cuando no se obtiene lo esperado, o al sentimiento de desvalorización a través de la decepción cuando el vínculo en lugar de sumar para ambas partes de forma natural, restaba.

El ego como tal  se mueve para “tener la razón” y casa cada acontecimiento, suceso o situación de forma que sirva a su punto de vista, interpretando la realidad desde una visión que se vuelve cada vez más estrecha, limitada y asfixiante; polarizada. Juzga, sentencia y condena a los demás, pero también a sí mismo reaccionando y generando incoherencia emocional, miedo, culpa…

 

El miedo y la culpa van de la mano. El miedo surge cuando deseamos hacer algo que no hacemos y la culpa cuando hacemos algo y creemos que debemos hacer otra cosa. Cuando no obtenemos el resultado y la satisfacción inmediata que dicho resultado nos aporta, entramos en el contaminante juego de la manipulación, el control y las luchas de poder. (Plutón y Saturno en conjunción en Capricornio con el Nodo Sur).

Ambas emociones surgen y parten del juicio dual y generan incoherencia, desmerecimiento, frustración, ansiedad y toda una serie de sentimientos negativos que reflejan la contradicción entre el Ego y la Identidad.

 

Siempre tenemos el poder de decidir cómo queremos vivir cada experiencia: desde el Ego (separación, carencia, escasez, tener la razón) o desde el Espíritu-Alma (integración, abundancia, multipotencialidad, ser feliz/estar en plenitud). Y ese es el equilibrio que la integración de opuestos nos enseñan elevando nuestra vibración como un observador que contempla una partida de ajedrez, sin juzgar cualquiera de los movimientos.

 

Este es un momento clave y sumamente importante en nuestra propia evolución personal que marca un antes y un después en nuestros vínculos y formas de relacionarnos que anclarán las resoluciones y el aprendizaje durante la retrogradación de los gigantes celestes (Júpiter, crecimiento interior; Plutón, renovación y alquimia y Saturno, fortaleza interna a través del Espíritu).

La astrología tradicional ha limitado la energía de los arquetipos planetarios a través de la polaridad que éstos representan, pero dichas energías en el campo cuántico y a través del Espíritu no presentan limitación alguna, pues el universo es infinito y está en continua expansión, creando y generando más vida y por ende, más posibilidades. Ni siquiera Saturno, asociado a la limitación, cercena el potencial, al contrario, pues se trata de una energía profundamente espiritual y dadora de significado, sentido y razón de ser. Pero la integración de esta energía requiere un firme compromiso y responsabilidad que manifestamos en nuestro día a día, y la tendencia general es culpar a otros. Y cuando esto se da, nos desligamos de la grandeza y fuerza creativa, limitando la realidad a lo que es correcto o incorrecto, bueno o malo, encerrándonos en un continúo “por qué” que nos devuelve al punto de partida y no en el “para qué” que nos permite anclar los aprendizajes internamente, vivir el momento presente y avanzar con paso firme.

Usar la proyección para el autoconocimiento personal es la herramienta más valiosa. Si me empeño en demostrarle algo alguien, en que X me valore, me reconozca, me quiera…, estaré buscando una validación externa, partiendo de un sentimiento de déficit o de carencia que indica que no me valoro, de manera que buscaré que el otro realice, haga o manifieste “actos heroicos” que me demuestren su amor por encima de sí mismo, incluso a través del sacrificio. Y utilizo el término “actos heroicos” porque en realidad, lo que se busca es sacar a relucir la propia identidad simbolizada por el Sol, el héroe interno, el amor propio y personal y el respeto a nuestra divinidad y esencia. Las pruebas y demostraciones de amor son siempre exigencias del ego, que busca relaciones, vínculos y contactos basados en la polaridad, posiciones jerárquicas y roles donde uno manda y el otro obedece, donde hay castigos, culpables, extremos y mediciones. El sacrificio por su parte es la manifestación más intensa y dramática de falta de amor a uno mismo, donde se anula por completo la identidad en pro de otro y esto poco o nada tiene que ver con la compasión, la empatía, la entrega o la ayuda a otros, pues solo es posible la entrega y el servicio desde la plenitud, no desde la carencia.

No se trata de romper relaciones, de cambiar dinámicas, de “mudarse de sitio”, sino de cambiar la mirada, de adquirir perspectiva, de integrar los opuestos, trascender y elevar vibración, una oportunidad que nos ha brindado el tránsito de los planetas por el signo de Piscis, la retrogradación de Mercurio y que ahora, Venus, regente de este plenilunio, afianza a través del séxtil a los planetas en Capricornio en conjunción al Nodo Sur. Siendo la conjunción del Sol en Aries con Urano en Tauro, el aire fresco que nos invita a hacerlo diferente y a que nuestra mente este al servicio de nuestra verdadera identidad para crear una nueva realidad en nuestras relaciones, liberándonos de una dinámica de valoración que dependía en exceso del exterior, de las posesiones materiales, los atributos físicos e incluso los logros profesionales, status quo o la tradición familiar. Un “así deberían ser las cosas” que nos empequeñecía limitando nuestro potencial creativo y la generación de vínculos y relaciones donde ambas partes miran al frente y están a la misma altura desde su respectivo centro.

El cambio de frecuencia vibratoria puede hacer que llevemos una relación al siguiente nivel y demos un paso más o dejemos de sintonizar con algunas personas tomando una senda que las aleja de nuestro camino y, al mismo tiempo, atraer a nuevas personas y generarse reencuentros con aquellos con los que no resolvimos de una forma equilibrada y armónica o con los que sencillamente, no llegó a darse una negociación para “una segunda oportunidad”, acuerdo legal o resolución. La retrogradación de Júpiter nos permite crecer desde el interior a través de una renovada fe en nosotros mismos, y por ende, acceder a aquellas oportunidades que no vimos o supimos aprovechar.

La Luz que arroja este plenilunio nos permite ver los resultados del compromiso adquirido para con nosotros mismos y nuestras relaciones, pero también equilibrar y armonizar, decidir. A un nivel inconsciente, puede mostrarnos nuestra peor cara, nuestro lado más oscuro, castrador y reprimido con el fin de ser conscientes de cómo nos autosaboteamos y contradecimos pensando y actuando sin tener en cuenta quiénes somos, cómo nos sentimos y por ende, lo que queremos de verdad.

 

Una clara identidad y conocimiento personal nos permite movernos en la constante del cambio, avanzar y no frenar nuestro paso ante “innegociables” que nos retrasan. Una identidad confusa y el desconocimiento hacen que nos veamos arrastrados no solo por las situaciones externas, sino por lo que hacen, opinan o esperan los demás, negociando y frenando nuestro proceso ante la amenaza que supone el cambio, el cual se dará igualmente, nos guste o no.

 

 

La diferencia entre lo que manifiesta un plenilunio se basa en la intención, que es la que realmente manifiesta. Si la intención, sembrada en el momento de máxima oscuridad, se genera desde la comunión y diálogo interno (conjunción Sol/Luna), durante el proceso de germinación, cuanto nos frenara a un nivel inconsciente (Cuarto Creciente) es visto para ser integrado, teniéndolo en cuenta y prestándole la correspondiente atención durante su crecimiento para finalmente obtener el resultado y disfrutar de la cosecha, de la flor y de la plenitud que otorga el fruto. Si pasamos por alto lo que nuestro inconsciente nos revela durante esa fase de tensión, es muy probable que la Luna llena nos muestre con total claridad, y a través del otro, aquello que no quisimos ver con el fin de hacerlo consciente. Y en nosotros está la decisión final de verlo y avanzar o seguir autoengañándonos y derivar responsabilidades demandando a otros el amor que no nos atrevemos a darnos (Nodo Norte en Cáncer) encontrándonos en el mismo punto de partida y lidiando con el mismo sentimiento de incomodidad, con la misma herida, pero con una persona o situación aparentemente nueva.

 

¡Feliz plenilunio!

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