Luna llena en Cáncer; la luz de la emoción

Comenzamos el 2018 con una Super Luna, una Luna azul, en el signo de Cáncer que nos regaló momentos profundamente emotivos y cerramos el año con una Luna llena que pone fin al ciclo emocional que se abrió el 13 de julio con un eclipse en dicho signo, pese a que los nodos lunares aún estuvieran situados en el axis Leo/Acuario, y que supuso el anticipo de los eclipses en el eje Cáncer/Capricornio, donde actualmente se sitúan los nodos norte y sur de la evolución.

El Cuarto creciente en el grado 23 de Piscis del 15 de diciembre nos lleva a comunicarnos de una forma más emocional, intuitiva y sensible, aunque los aspectos con Marte pueden provocar reacciones de impulsividad e irritabilidad atendiendo a la imperiosa necesitad de empezar algo nuevo, de movernos hacia delante y al mismo tiempo, de dejar algo atrás para crecer, conectándose el 22 de diciembre con la revelación del plenilunio, a la que se adhiere la tensión entre Júpiter y Neptuno, ambos en domicilio y acompañados por Marte y Mercurio respectivamente. Esta cuadratura en su baja vibración puede llevarnos al exceso, a escapar de cuanto no queremos aceptar, asumir o responsabilizarnos, a evadirnos incidiendo en adicciones con el fin de evitar una verdad y el crecimiento que lleva aparejado, pues es mucho más cómodo seguir en la misma situación, la cual justifica nuestra “no acción”. No obstante, esta cuadratura se repetirá a lo largo del 2019 agudizando el conflicto para, finalmente, solventarlo si estamos dispuesto a hacer uso de nuestra voluntad adquiriendo nuevas herramientas personales que nos harán ganar en confianza y materializar un sueño.

Cáncer es el signo en el que la Luna encuentra su máxima expresión, pues nuestras necesidades físicas, nutricionales y afectivas son absorbidas a través de la primera figura femenina con la que tenemos contacto; nuestra madre, determinando por ende, nuestra Luna natal, la forma en que amamos y percibimos el amor.

Los nativos con Luna en Cáncer son personas altamente sensibles, intuitivas, cálidas, con grandes dotes para la expresión de las emociones mediante la poesía, protectoras y profundamente hogareñas, siempre y cuando no existan otros aspectos que maticen el guión. El arquetipo materno es percibido como tal, mostrando a una madre protectora, cálida, cariñosa, que le proporcionó al infante la nutrición física y emocional que necesitaba prestándole atención y cuidado. Por ello, estas personas entienden el amor como una necesidad básica; exigen afecto sin pedirlo y lo dan sin que se lo pidan ya que el hecho de pedirlo, para ellos, implica no merecerlo. Fuertemente vinculados a su hogar suelen drenarse energéticamente cuando pasan mucho tiempo fuera de casa. Estamos ante excelentes consejeros emocionales que intuyen de forma inmediata e inconsciente las necesidades del otro adaptándose a ellas y aportándoles paz y tranquilidad.

 

 

Este plenilunio se produce en el grado cero de este maternal signo desplegando ambas luminarias aspectos armónicos a Urano en el signo de Aries y presentando, el astro rey, una conjunción con Saturno, el cual se halla en su domicilio en el signo de Capricornio.

 

 

Es por ello que el plenilunio queda teñido por la imprevisible energía de Urano, quien nos arrojará el rayo de la certeza conectando acontecimientos, sentimientos y personas que nos harán conscientes de cuanto ya no nos resulta familiar o supone un freno u obstáculo en nuestro proceso evolutivo aceptando el momento presente para seguir adelante. Durante las dos semanas de influencia de esta lunación nuestras emociones buscarán una vía alternativa para ser liberadas siendo también el periodo en el que cosechamos los frutos de las intenciones sembradas el 13 de julio, dándonos cuenta de cuánto hemos avanzado, deshaciéndonos de un patrón, un enganche emocional o incluso trascendiendo una carga ancestral y liberando al clan en términos de biodescodificación.

La presencia de los nodos en el eje de esta lunación intensifica las materias a tratar que abrirá el próximo eclipse en el signo de Capricornio el próximo seis de enero y que trabajaremos durante todo el 2019, abriendo la puerta de nuestra vulnerabilidad con objeto de renovar nuestras necesidades, reparar vínculos, sanear nuestros afectos y sentirnos en casa independientemente de dónde y con quién estemos construyendo relaciones basadas en lo que realmente queremos y no en lo que otros quieren o se nos impone socialmente a través de un “deber ser” que ha quedado obsoleto limitando tanto nuestra expansión personal y familiar como profesional.

Todos aceptamos el amor que creemos merecer y los eclipses nos llevarán a trabajar el amor y las relaciones para decidir con una mayor consciencia lo que acogemos y nos acoge.

¡Feliz plenilunio!

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¡Felices fiestas!

 

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