Luna llena en Acuario; la voluntad de liberarnos

Este plenilunio en Acuario (15 de agosto en el grado 22 del signo), tras un Cuarto Creciente en Escorpio, intenso y que nos llevó a la búsqueda de recursos internos, supone una vía de liberación de viejos patrones en relaciones. Tras los eclipses en el eje Cáncer/Capricornio, que operan con el Ciclo lunar, buscamos experiencias que nos hagan sentir más cómodos con lo que queremos manifestar teniendo mayor seguridad, respeto y confianza, amor, en nosotros mismos.

 

 

Como todo plenilunio, marca un final, y todo final implica un nuevo comienzo. Hay algo en nosotros que no soporta ya el viejo sistema, que no desea hacerlo como siempre o como le funcionó a otros, una necesidad de buscar nuestro propio camino, de dibujarlo conforme avanzamos, a nuestra manera, siendo auténticos y genuinos y conectando con los deseos del Alma (Venus conjunción partil al Sol en Leo). Esta urgencia es una llamado de nuestro Espíritu-Alma que implica el respeto a nuestra individualidad, lo cual no nos separa de otros, sino que nos hace apreciar y respetar mucho más nuestras propias experiencias y las de los demás.

El regente de esta lunación, Urano, se halla en movimiento retrógrado (un efecto óptico visto desde la Tierra), a 6º del signo de Tauro, al cual responde Venus en Leo, en este caso, conjunta al Sol en domicilio. Así que es nuestra voluntad, nuestra esencia, nuestro Ser interno; Espíritu-Alma, quien nos invita a liberarnos para avanzar, para dar el gran salto que nos propone el tránsito de Urano en Tauro; de ir más allá de las meras apariencias y conectar a un nivel que supera nuestros cinco sentidos y requiere de una vibración más elevada que nos permite ver más allá, percibiendo aquello que dota de vida cualquier objeto aparentemente inanimado y pertenece al mundo sutil.

Es por ello que los eventos o manifestaciones de esta Luna llena, tendrán por objeto evidenciarnos la necesidad de conexión con los demás a dicho nivel: ya no basta con un cuerpo o una mente, herramientas de nuestro Espíritu-Alma para la presente encarnación. La conjunción de Plutón y Saturno nos presenta la oportunidad de saldar y liberar karma asumiendo la responsabilidad de nuestras acciones pasadas a través de nuestro presente. No se trata de una Cruz, se trata de la oportunidad de liberarnos de un ciclo de repeticiones.

Si en una vida anterior fuimos maltratados fisicamente o agredidos por nuestro entorno, tratamos de buscar La Paz y ver amor en una forma de expresión que nos hacía daño para poder sobrellevarlo, entendiendo que esa es la expresión natural del afecto, por lo que en la presente encarnación escogimos unos padres y un entorno que nos diera la oportunidad de evolucionar y trascender en dicho sentido.

Vivimos un momento que nos abre a un nuevo capítulo de nuestra vida, donde el pasado es sabiduría y no carga y en el que las relaciones son para combatir nuestra luz y no para sentir miedo, dolor, limitación o restricción.

Todo aquello que no se sustente en el amor consciente, en el establecimiento de vínculos auténticos y genuinos que nazcan directamente de nuestro corazón, no se sostendrá por mucho tiempo. Puede que nos aferremos a algo o alguien, una relación, a una determinada profesión, objetivo o meta que no resuena con nuestra verdadera pasión ni propósito vital, lo cual hará que desgastemos nuestras fuerzas al no canalizar nuestra energía y recursos en lo que verdaderamente nos hace sentir vivos disfrutando de ello y otorgándonos el combustible necesario para seguir. La forma de saber si esto es así es observar qué causa ese algo o alguien en nosotros, si nuestros deseos y motivaciones vienen desde un lugar de carencia, sensación de indignidad o se dirigen hacia ambiciones puramente materiales (lo cual no quiere decir que lo material sea “malo”, pero si no cuenta con una intención honesta y sincera se torna en obsesión, la cual consume y mata). Cuando realmente conectamos con otros y con aquello que deseamos a nivel álmico, una vibración de abundancia, plenitud, dicha y paz, nos hace sentir que estamos en el camino; tenemos las ganas, el empuje, la fuerza, la paciencia, la constancia y la iniciativa natural de afrontar los retos y desafíos, porque desde nuestro verdadero Ser lo sabemos todo y tenemos acceso a la verdad (Sol y Venus en trígono a Júpiter en Sagitario), la cual no nos será velada si nos atrevemos a hacer visibles los rincones y admitir nuestra propia oscuridad, monstruos, dragones… (miedos y terrores más profundos simbolizados por Saturno y Plutón en Capricornio) sin desterrarlos, rechazarlos o negarlos, al contrario, dándoles la atención que requieren, invitándolos a salir de la oscuridad y formar parte de nuestro mundo.

Por ende, si nuestra pasión, amor y deseo en lugar de nutrirnos y crear nos consume y apaga al tornarse en obsesión, debemos hacer un alto en el camino y profundizar en nuestra motivaciones para no malgastar nuestra energía y recursos en imposiciones que parten de nuestro ego o miedos en una búsqueda de aprobación social, reconocimiento, poder, afirmación personal o status que no nos otorgará bienestar a largo plazo, sino satisfacción inmediata y un nivel de exigencia cada vez más elevado que nos cargará un mayor peso a la espalda (baja vibración de Saturno).

Con el tránsito del Sol en Leo, el signo del Amor, y Venus, la diosa del deseo en conjunción partil en el momento del plenilunio, tenemos una oportunidad excelente para conectar no solo con nuestra verdadera pasión, sino con aquellos con los que podemos compartir nuestra luz tomando consciencia de que las apariencias, engañan (cuadratura Júpiter en Sagitario y Neptuno en Piscis), pues si no se vive, no se siente y quien no siente, no entiende.

 

¡Feliz plenilunio!

 

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