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La voluntad divina

Comenzamos el mes Leo; el mes en el que astro rey se muestra en su máximo esplendor, regalándonos el calor necesario para que exista la vida. La vitalidad se activa y las ganas de disfrutar, reír jugar y apasionarnos aumentan siendo tan auténticos como genuinos.

Leo simboliza al niño interior, que hace y deshace sin importarle lo que otros piensen mientras sea lo que le apasiona, divierte y siente en su corazón. También revela la voluntad divina, el motivo por el cual encarnamos o decidimos venir a este mundo; nuestro propósito; la fuerza vital que nos impulsa y propulsa; aquello que nos mueve, pues el signo del corazón, regido por el Sol, simboliza el héroe interno, aquello que nos empuja a buscar la propia autenticidad con el fin de iluminarnos e iluminar a otros, ya que el amor empieza por uno mismo. Si Escorpio trata de llevar luz a través de la propia oscuridad para transformarla y transmutarla recorriendo lo más denso, oscuro e incluso secreto, Leo conecta, potencia y fortalece su luz no solo para irradiarla, sino para hacer que todo lo que tocan, al estilo Rey Midas, se convierta en oro y de este modo iluminar lo que de por sí ya tiene luz propia; lo auténtico, haciendo que se exprese de un modo natural. De ahí la cualidad de generosidad del león, que sabe y no solo conoce, que la llama de dos velas unidas, proporciona más luz, calor y vida.

 

Los girasoles buscan la luz del Sol y en los días nublados, se miran unos a otros buscando la energía en cada uno.

La naturaleza nos enseña que si no tenemos el Sol todos los días, nos tenemos los unos a los otros.

 

girasol leo

 

Es frecuente que los nativos del signo de Leo se relacionen o entablen amistad con otros Leo, pues el sentimiento de manada, aunque ellos vayan por libre y sean sumamente independientes, es algo que “necesitan”, ya que reconocen su propia luz en la luz ajena, percibiendo instintivamente lo mágico y especial que habita en el otro y por ende, en ellos. Protectores con los suyos, se convierten en los reyes de la selva y no titubean en abrir sus fauces, dar un zarpazo o enfrentarse valientemente a lo que surja. La gran fortaleza de Leo reside en el amor, no en el gusto por el riesgo, siendo precisamente esa motivación la que les confiere el toque valeroso que les distingue.

 

 

El miedo nos invita a ser valientes y el amor, más fuertes.

De la novela, ¡Una vida, por favor!, Editorial Círculo Rojo, 2017.

 

El signo de la nobleza, la dignidad y la creación, genera individuos con grandes dotes artísticas y de mando, autónomos y empresarios que parecen pertenecer a la realeza, pues su porte en general es distinguido, nada vulgar u ordinario. Amantes del lujo y las buenas formas, detestan aquello que está al alcance de cualquiera y es posible obtener con facilidad, ya que necesitan asumir desafíos que pongan a prueba sus capacidades con el fin de crecer y ampliar horizontes. Prefieren una prenda de ropa hecha a medida por un sastre y con materiales de primera calidad que cientos de vestidos que sean tendencia. A Leo le gusta lo bueno, y lo bueno, para Leo, abunda, reconociendo de forma instintiva y natural aquello que es de calidad, ya sea un restaurante, un objeto decorativo, un bolso, un texto… En su baja vibración algunos Leo caen en el gasto superfluo, incluso en la ostentación, pero la vibración más elevada sabe el valor de las cosas olvidando pronto su precio; aquello que es hecho de forma única, con amor y cuidado, detalle y precisión.

El Sol en Leo brilla a través de sus contribuciones, creaciones, talentos, esfuerzo, dedicación y méritos, diferenciándose del resto a través de su propio estilo, sello e identidad, lo cual hace que a la hora de buscar un compañero o iniciar una relación necesiten admirar al otro por sendos motivos y se rodearán de personas que consideran “especiales” en algún sentido, que tengan objetivos o ideales nobles. La sombra de este Sol es la búsqueda de reconocimiento continuo o el aplauso sin haber hallado su propia identidad y autenticidad conectándose a su corazón de tal modo que sean capaces de divertirse y apasionarse con lo que hacen sin importarles lo que piensen, opinen o manifiesten los demás. No se trata de brillar a toda costa o buscar un foco bajo el que colocarse, se trata de SER ellos mismos, y solo así lograrán cuanto se propongan, pues el valor, confianza y seguridad que les proporciona sentir quienes son y lo que quieren, los llevará a recorrer sendas aparentemente intransitables alcanzando la gloriosa meta aunque tengan que despeinarse.

Los leoninos gozan de una personalidad y carácter marcado, fuerte y por lo general tienen claro lo que quieren y lo que no. Gustan de poner pequeñas pruebas a sus parejas, amistades y compañeros con el fin de comprobar su autenticidad o el interés que pudiera existir, pues su amor, afectos y afinidad, rara vez es interesado o atiende a fines prácticos y una vez entran en su corazón, allí permanecerán. Esto hace que Leo se lo piense mucho antes de dar un paso. Aunque su naturaleza es apasionada y adonde su corazón se incline, sus pies caminarán, no es sencillo que Leo ande hacia algo o alguien, pues su vida está llena de ellos mismos. No obstante, a este felino le encanta compartir y si aquello que brilla a lo lejos es lo suficientemente auténtico, no dudará en ir a por ello con la confianza de que lo conseguirá.

Su grandeza reside en su nobleza y magnanimidad, y en un instinto divino que le permite ir hacia la luz, aunque haya momentos en los que su excesiva vanidad haga que se caiga. Pero lo hará de pie, como buen felino.

Uno de los mayores miedos de Leo es el ridículo y su brillo natural se apaga cuando no siente amor. La luz de Leo se irradia a toda potencia cuando está enamorado y ese amor es capaz de crear y generar más amor, más vida, más alegría, más disfrute, más confianza, más independencia y más plenitud. Pero antes de embarcarse en una relación, el enamoradizo Leo debe amarse a sí mismo con la dignidad que requiere y son escasos los casos en los que un Leo da un paso más en una relación si esta no hace latir su corazón con la suficiente fuerza. Es aquí cuando su romanticismo puede llevarlos a saltar de una relación a otra en busca de sí mismos. Y, por lo general, hasta la oposición de Saturno al Sol, o a su Luna, no pisan el freno para diferenciar la pasión del amor, descubriendo que la calidad de este sentimiento poco o nada tiene que ver con los fuegos fatuos propios de la novedad que el nuevo territorio a explorar supone. Cuando Leo crece, madura y se conoce, acepta y re-conoce, se desprende de la adicción al chispazo inicial y la sed de conquista para volverse tan comprometido y fiel con el otro como lo es a sí mismo. Un camino que lleva a muchos Leo a andar en solitario durante largo tiempo, al menos hasta que la limitación del tránsito y el aprendizaje se integra en ellos. Es a partir de ese momento, cuando Leo ganará en calidad en su vida amorosa y en sus relaciones.

Cuando Leo aprende a ser tal y como es, a expresarse desde su corazón, eleva las cualidades más hermosas del signo. El orgullo se torna en dignidad alejándose de aquello y aquellos que no están en sintonía mostrando su lado más humano cuando la ocasión lo requiere. Y pese a que se le suele colgar el cartel de gustar del halago, de un séquito de admiradores y público que vitoree sus logros, su tendencia natural es desconfiar de todo aplauso “gratis” y que no haya requerido un ejercicio y trabajo previo que combine voluntad, autenticidad y genialidad, pues pese a la ingenuidad y candor natural del signo, Leo sabe que lo único que puede garantizarle satisfacción, plenitud y bienestar es amar lo que hace y hacerlo con amor y todo lo demás, es ornamental, inmediato y efímero, y como signo fijo buscará la estabilidad, durabilidad, consistencia y fortaleza ya sea a nivel profesional o íntimo.

Todo planeta que es tocado por esta energía se pone en luz, mostrándose y exponiéndose a todo color. Pero no todo lo tocado por la luz solar es tan iridiscente; la vibración baja de la energía Leo puede otorgar arrogancia haciendo de un Mercurio en Leo un charlatán vacuo, siempre movido por la búsqueda del aplauso y el halago o de una Venus en Leo, una adicta al drama y a ser el continuo foco de atención de todo y todos. Aunque, tal vez, este tipo de comportamiento sea más propio de la Luna en Leo, pues desde la infancia es aplaudida constantemente por el mero hecho de existir. Aquí, la Luna se encuentra en el signo natural del Sol por lo que hay que polarizar esta energía femenina en masculina para expresar las emociones y necesidades del individuo. Los nativos con Luna en Leo son hijos altamente deseados, o bien el primero, o el único de ese sexo o que viene en el momento que más se desea un hijo, lo que se traduce en una continua adoración hacia el niño por parte de la familia, en especial por la madre a la que se percibirá como una reina. El infante crece pensando que es el mejor de la casa y que algún día será igual de querido que su madre ocupando su lugar. Siente que merece que todos le adoren solo por ser él. Este mecanismo perdura hasta la edad adulta, hasta que descubre que fuera del hogar no lo reciben como en casa y debe demostrar su valor real para ser valorado, es entonces cuando surge el conflicto de esta Luna, que se sentirá dolida e infravalorada constantemente, al esperar reconocimiento sin hacer nada para ello, a diferencia del Sol en Leo que busca su propio valor interno de forma activa, lo cual conlleva el merecimiento implícito.

En el signo de Acuario sucede todo lo contrario, pero como opuestos, se complementan el uno al otro. Una Luna en Acuario presenta falta de atención en el seno familiar, tanto, que aprende a nutrirse y a recibir afecto de múltiples fuentes. Estos nativos no tuvieron una infancia convencional, pueden ser fruto de una fecundación in vitro o que, sencillamente, el momento de la concepción no fuera tradicional. Se da en muchos huérfanos, niños adoptados o que han sido criados de un modo diferente a lo que sirven las tradiciones y convencionalismos. Fuera como fuese el infante siente que el afecto le venía dado por distintas personas, educadores, tutores o canguros a lo largo de su infancia viviendo numerosos cambios culturales, de amigos, de colegio e incluso viviendas. Al relacionarse con tantas personas y atravesar tantos cambios, tienen la sensación de no sentirse únicos como hijos, lo que genera algo positivo: la capacidad de sentirse seguro en aquello que no se repite y no depositar la confianza en una única figura o situación. Para una Luna en Acuario las cosas cambian, vienen y van, y esto es lo natural, así que deshumaniza el concepto de amor, lo que en su edad adulta se traduce a un temor profundo al compromiso y la responsabilidad implícita de las relaciones. Así como la Luna en Capricornio tiene miedo al rechazo o abandono y aprende a estar sola para convatirlo, la Luna en Acuario también tiene miedo, pero aprende a buscar afecto en algo diferente a lo que la ha rechazado, la ha hecho sentir rechazada o ha rechazado, por lo que la persona siempre busca el amor volviéndose inestable, insegura e intermitente en sus relaciones y afectos, ya que cuando profundiza en sus emociones esto la hace sentir exclusiva, ahogada y atemorizada, al no estar acostumbrada a lo estático, estable o que se repite. Estos nativos pueden enamorarse veloz y repentinamente, pero de una forma superficial y tienen un miedo muy profundo a mantener este vínculo por mucho tiempo.

¿Han visto alguna vez a un león enjaulado? Pues la misma sensación embarga tanto a Leo como a Acuario cuando no gozan de libertad, independencia y pueden moverse, expresarse y Ser ellos mismos. Dos polaridades del amor; el propio y el ágape, que en sus respectivas vibraciones bajas se torna en egocentrismo y narcisismo y en fobia al compromiso e inestabilidad. Ambos requieren la   libertad de ser tal y como son, sin esconderse para agradar a otros.

La tendencia natural de Leo es la de ser un felino juguetón que ronronea de placer al estar en compañía de los suyos, a los cuales mima y protege.

 

Cuando el signo del corazón ama, lo hace a todo color; expresándolo con la majestuosidad que un sentimiento de tal magnitud requiere, pues el amor es lo que mueve el mundo.

 

La Casa natural del signo de Leo es la Casa V, esfera relacionada con el amor, el alma, los hijos, el proceso de individuación, las creaciones, los derechos de autor, la diversión, los juegos, apuestas, y aquello que nos hace disfrutar.

Todos tenemos a Leo en un área de nuestro Mapa Natal y desde luego, un Sol que nos ilumina, que guía nuestros pasos y que nos lleva a conectarnos con nuestro corazón y con quienes somos en realidad.

¡Es tiempo de que nuestro niño interior juegue, nuestra creatividad se exprese y nuestra divinidad brille; es tiempo de Leo!

 

Otros artículos relacionados: Eclipses Leo/Acuario; consciencia nodal. Parte I , Parte II, Parte III.