Energía base Integración energética

 

 

Somos energía y la energía es tan capaz de mezclarse e integrarse, como de bloquearse o fragmentarse sin dejar de ser parte de un todo.

 

La carta natal es nuestra energía base, la cual simboliza las necesidades, gustos, deseos, herramientas, recursos, tesoros, talentos o habilidades con las que contamos, pero que, en ocasiones, no reconocemos al haberlas proyectado, rechazado, bloqueado o desplazado, renunciando “temporalmente” a ellas. Este hecho no solo nos fragmenta creando la sensación de estar insatisfechos e incompletos, sino que genera una manifestación constante de acontecimientos, circunstancias y personas que mueven dicha energía con objeto de reconocerla, integrarla, asumirla para desplegarla y desarrollarla en nuestro día a día.

Cuando la energía simbolizada por el arquetipo planetario resuena en nosotros, recuperamos nuestra Voluntad/Poder: dejamos de atraer personas muy lunares, marciales, plutonianas, saturninas…, o la relación con ellas se torna en un “tú a tú” (horizontalidad sin jerarquías; sin polaridades) fluido y armónico.

No es posible trabajar con la energía de otros arquetipos planetarios sin haber integrado la Luna, pues el satélite lunar simboliza “lo básico”, la raíz, las necesidades emocionales, afectivas y nutricias; nuestro código genético heredado. En una primera instancia, la Luna representaría la base de la Pirámide de Maslow, con la salvedad de que para cada uno de nosotros esas necesidades quedan teñidas por el guión, casa y aspectos que presente nuestra Luna natal, así como la fase lunar en la que se hallaba en el momento del nacimiento.

La Luna es el arquetipo femenino por excelencia, por lo que manifiesta el primer encuentro con dicha energía desvelando el patrón aprendido o “mamado” de nuestro hogar raíz, nuestra madre o aquella figura que hizo las veces de ella simbolizando cuanto necesitamos para sentirnos emocionalmente satisfechos; nutridos. La Luna también representa el sentimiento de pertenencia a un lugar o región, la cultura popular, las tradiciones, el pasado, nuestros ancestros, nuestro ADN… Si encontramos limitación en alguna de estas temáticas, es un indicador de no haber trabajado la energía lunar. Y si algo limita tu presente, lo seguirá haciendo en el futuro.

La Luna y Saturno están íntimamente ligados ya que, como opuestos complementarios, ambos se contienen. Sin una buena base; necesidades lunares, no es posible erigir estructuras; necesidades saturninas.

Una Luna en Acuario, por ejemplo, puede conservar un sentimiento de abandono o desarraigo que limite su día a día, pues en ella resuena una emoción que vaticina constantemente que su pareja o su mejor amiga van a abandonarla cada vez que asocie un hecho con una emoción similar a la que protagonizó en su infancia, u optar por desencadenar el abandono para no tener que revivirlo, repitiendo inconscientemente el patrón emocional con objeto de liberarse del mismo. No obstante, lo que consigue es encadenarse aún más a dicho patrón, por lo que el sentimiento de vacío aumenta al reaccionar en lugar de actuar. Hay casos y casos: casas y aspectos. Y podemos encontrarnos con una Luna en Cáncer en trígono a Urano para la cual su patria reside en un lugar distinto al que nació e incluso en un mundo abstracto o que pertenece al intelecto: la ciencia, los libros, las nuevas tecnologías. Una Luna un tanto futurista que relaciona el pasado y el futuro, eléctrica, excéntrica, pero cálida y que creará su propio refugio y establecerá vínculos afectivos a partir de la combinación de dichas energías. Aparentemente la Luna y Urano no son nada afines. Pero si algo nos demuestra la astrología es que “toda energía es tan capaz de mezclarse e integrarse, como de bloquearse o dividirse sin dejar de ser parte de un todo”.

La Luna puede crear, materializar, situaciones, circunstancias y eventos en los que el individuo desconoce cómo proceder de un modo equilibrado y constructivo, reproduciendo constantemente un patrón inconsciente que opera con el fin de hacerse consciente.

Sin una conciencia lunar existe un sentimiento de insatisfacción permanente que la persona tratará de disfrazar, camuflar, demandar o bloquear para cubrirlo, algo que sería similar a querer tapar el Sol con un dedo, y que elude el grado de responsabilidad personal. Se suele funcionar con el “dame, dame, dame” constante, casi eterno, pasando por alto las necesidades ajenas, que el otro esté cansado, tenga otras cosas que hacer o sus hijos le requieran, pues el patrón inconsciente no permite entender, apreciar, valorar y respetar la importancia de la identidad e independencia emocional tanto propia como ajena para construir vínculos sanos. La Luna con aspecto a Plutón trata de introducirse en la psique del otro para lograr poder personal, pero contrariamente a ello no quedará satisfecha, pues dicho poder realmente no está cimentado en su propio tesoro y capacidad regeneradora, precisando de un otro sobre el cual manifestar su “aparente voracidad energética”. Así mismo, este tipo de Luna puede atraer a personas que han integrado su Luna o su Plutón para que pueda apreciarse la falta de poder real poniendo en evidencia sus mecanismos de control y manipulación sibilina. En cualquier caso, habrá de “desarmar el mecanismo lunar” a través de los primeros años de vida e incluso de la vida prenatal, pues existe “algo” muy profundo que anida en el individuo y que tendrá que extrapolar a varios niveles. Para una Luna en el signo de Géminis, la comunicación será fundamental, formando parte de esas necesidades básicas que precisa cubrir. Aquí el primer paso estaría sustentado en: “¿me comunico conmigo?”, ¿de qué modo lo hago?”, “¿escribo, leo?”, “¿descubro nuevos sabores e incluyo nuevas especias o distintas formas de cocinar y nutrirme más sanas y equilibradas?”.

No existen Lunas “mejores” o “peores”, ni planetas o aspectos. Una Luna en Cáncer está en domicilio y funciona eficientemente, pero si no está integrada también “hará de las suyas”. Una cuadratura puede ser un fantástico impulsor y un trígono convertirse en un talento desperdiciado. Cada ser humano es único, como únicas son sus energías y el modo en que las reconoce, integra, maneja, proyecta, etc.

La integración lunar exige que las necesidades básicas sean satisfechas, y en el momento en qué somos capaces de atenderlas y cubrirlas, contamos automáticamente con la libertad de elegir, pues ya no se está en dependencia de otro, escogiendo con quien te relacionas, y no quien te conviene para que “no te falte compañía, asistencia, soporte, cariño, alimento, estatus o te sientas poderoso, válido, diferente, útil o necesario”. La energía lunar, femenina y receptiva, requiere que el héroe divino, el niño interno y la Gran Madre, la madre nutricia, mantengan un amoroso y comprensivo diálogo que libere a la personalidad encarnada permitiéndole soltar y dejar ir todo aquello que limita su presente, logrando que sea consciente de que ella es la única capaz de darse lo que tanto anhela: la conexión con su verdadero Ser o Esencia. Es entonces cuando la Luna se convierte en el Sol de la noche.

A partir de ahí es posible comenzar a integrar otras energías y trabajar en su desarrollo. En el caso de no haber integrado la Luna, Venus, el planeta relacionado con el goce y el disfrute, vibrará confundiendo la necesidad con el deseo. “Necesito que me traigan esto”; “necesito comprar aquello”; “necesito ese vestido”; “necesito que X me escriba o me llame”. Si no se satisfacen las emociones lunares de cariño, atención, ternura, alimentación y calidez que tenemos a través de nosotros mismos, es imposible re-conocer cuáles son las verdaderas necesidades que nos demanda nuestra Venus natal, tornándolas en caprichos o expectativas que se convertirán en una nueva fuente de frustración o desequilibrio.

Sin una buena raíz, la parte profunda e invisible que simboliza la Luna, no tiene cabida el crecimiento. Ni será posible integrar a Saturno, levantando o erigiendo una sólida y firme estructura de vida.

Las casas no se construyen desde el tejado: ¡empecemos por el cimiento!

 

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