que te rompan el corazón

Identificar patrones tóxicos en relaciones

que te rompan el corazón

 

Identificar patrones tóxicos es algo que nos lleva tiempo, sobre todo si ya estamos metidos de lleno en una relación, de ahí, la importancia de no implicarnos emocionalmente cuando estamos conociendo a alguien hasta sentirnos dueños de nuestras emociones, de nuestras decisiones y nuestra vida, pues si nos encontramos en estado de máxima vulnerabilidad, atraeremos de forma natural al mismo perro con distinto collar, un aparente polo opuesto con objeto de hacernos conscientes de nuestro momento personal.

Las relaciones y vínculos sanos surgen de forma natural y sin mediciones cuando nos encontramos bien con nosotros mismos, cuando no nos sentimos desvalidos, desprotegidos, apaleados o albergamos dolor o resentimiento por el pasado o relaciones anteriores. Es así como, de forma espontánea, surge la complicidad, el deseo de compartir, el respeto a la individualidad y la asunción del compromiso.

Despedirte de la dependencia emocional, del chantaje, el apego y la manipulación es un trabajo personal e intransferible que empieza y acaba en ti. Y no existe mayor inversión que tú; un valor siempre en alza. 

 

En el presente texto, nos centraremos en uno de los números vínculos tóxicos que se pueden llegar a iniciar y mantener en el ámbito sentimental.

 

Prototipo reflejo

El prototipo reflejo es una forma de denominar “al mismo perro con distinto collar”, es decir, al patrón inconsciente que trata de hacerse consciente y que habita en ti, pues en el fondo se trata del espejo que te devuelve la mirada que posas en él y se materializa a través de un otro aparentemente opuesto, pero del que emana la misma información, vibración: la desvalorización.

-Si atraes a una persona que tiene una gran demanda sentimental y sexual, y siempre alardea, directa o indirectamente, de las mujeres u hombres que tiene a su alrededor, activa la primera alarma.

Esto es algo que te hará saber, tal vez no de una forma explícita, pero sí mediante anécdotas y situaciones cuyo fin es que te quede claro que están muy solicitados, cotizados, y que debes sentirte especial por el mero hecho de que te brinden su atención. De esta forma comenzarás a percibir a esa persona como un premio. 

En el momento en que percibes a ese otro como un premio al existir sensación de privilegio y competencia a la par, se activa la rivalidad, desatándose intranquilidad y angustia, e incluso ansiedad. Pues la persona no te proporciona lo que de por sí genera una relación sana, que es seguridad, confianza y estabilidad. Este punto señala que el otro es incapaz de darte algo que tú mismo no te das, cayendo de forma vertiginosa en la búsqueda desesperada de algo que verdaderamente no existe.

Es aquí donde se inicia el macabro juego de captar la atención constante de esa persona y comienzas a desaparecer.

La dinámica relacional del otro es estar y no estar, aparecer y desaparecer, darte toda su atención y retirártela; una auténtica lucha y juego de poder en busca de la manipulación emocional.

Si realmente te quieres y valoras y estás abierto a crear vínculos, ya te habrás percatado de la insalubridad, si no es así, comenzarás a agudizar tu sensación de escasez, y a generar una creencia que dicta que solo esa persona es capaz de darte lo que necesitas, por ende, que estás en una situación de necesidad. Se trata de una estrategia publicitaria que se utiliza constantemente y de la que somos objeto diariamente de diversas formas: la creación de una nueva necesidad. “No te hacía falta, no lo necesitabas, pero ahora sí”. Lo que se esconde tras ello es una falta de atención a ti mismo, a darte cuanto necesitas, de dedicarte el tiempo, mimos y cuidado que precisas, de valorarte, cultivar tus talentos y virtudes, disfrutar de tus aficiones o descubrir algunas nuevas y solo es posible generar una nueva necesidad en alguien, cuando el otro ya está necesitado y no se ha tomado el tiempo de indagar y descubrir qué le falta para dárselo.

A raíz de esta nueva necesidad por el otro, nada ni nadie podrá hacerte sentir de ese modo, o tan especial como esa persona. Tú has dejado de existir, has dejado de ser alguien válido para cubrir tus propias necesidades y deseos, y lo que prima es lograr el premio, alcanzando ese estado anímico que consideras óptimo al obtenerlo junto a todos los privilegios que conlleva, por lo que comenzarás a ceder y a hacer concesiones que cada vez te desvalorizan aún más creyendo que así conseguirás el objetivo y por fin serás feliz, te sentirás mejor y se rellenarán los vacíos, huecos o carencias.

*Existen personas que atraen de forma natural a otras, la diferencia estriba en que no utilizan ese hecho como herramienta o medio para manipular a otros o alimentar a su ego, y en muchos casos ni siquiera les interesa la admiración que despiertan, sencillamente se limitan a ser y ese hecho es lo que las hace tan atractivas.

 

Técnicas

Las personas que se mueven en estos términos cuentan con un modus operandi que se basa en patrones de acción-reacción bastante básicos y cuyo objeto es pulsar en ti como un interruptor. En cuanto no obtienen la respuesta esperada, se obsesionan, porque su ego no les va a permitir que te desmarques, de manera que insistirán hasta obtener la respuesta usual. Esta es su forma de reafirmarse y validarse, aunque no en términos de una identidad sana y bien definida, pues obtener la atención del otro mediante dichas técnicas solo alimenta la proyección de su ego. En el fondo, ocultan una gran desvalorización y falta de poder personal.

Cuando esa persona que consideras especial te hace partícipe de todas sus conquistas, de todos sus escarceos o del club de fans y de las múltiples opciones que tiene, ya sea de forma subliminal o no, y tú no haces preguntas, no muestras interés, no manifiestas inseguridad, y dejas claro que no vas a entrar en competencia o rivalidad con otras mujeres u hombres, porque sabes quién eres, lo que vales, lo que mereces, lo que te amas y respetas, y no necesitas convencer a nadie, rompes el patrón. Pero esto es algo que no se puede fingir, pues surge de forma natural, es lo que emanados y se desprende tanto en nuestra forma de hablar, actuar e incluso caminar.

En el momento en el que se genere dependencia emocional, y en este sentido da igual que se tenga o no una relación formal, que haya existido intimidad sexual o no, el otro perderá todo su interés en ti, porque su ego habrá ganado. No incluyo la expresión “romper el corazón”, porque en esta clase de vínculos no se pone el corazón, si no la necesidad, el inconsciente y el ego. Son relaciones maestras, lo que algunos denominan kármicas y que si estás dispuesto a integrar su aprendizaje, te servirán como trampolín para tu crecimiento personal.

 

Las nuevas formas de interactuar y de relacionarnos pueden ser una gran fuente de luz, o de oscuridad.

Si cuentas con una sana autoestima, tu valoración y afirmación personal no estará en función de likes, y tus publicaciones hablarán de ti y de lo que te apetece proyectar, aficiones, gustos, profesión, creencias…, reflejando tanto tu identidad como aquello con lo que te identificas indistintamente. Del mismo modo, estas redes y Apps, te permiten obtener el mismo tipo de información sobre otros.

-Es muy sencillo tomar perspectiva y observar cómo se maneja ese otro en tales ámbitos, si publica constantemente y qué publica. Si comparte textos, imágenes o artículos cliché que se dirigen a un público masivo, como los best seller, incluyendo estados, memes o post que sirven a sus sibilinos juegos.

-Un perfil con personalidad, muestra a una persona con personalidad.

-Lejos de tópicos sobre “venderse, regalarse y demás”, cuando alguien está verdaderamente interesado en ti y tú en esa persona, el contacto es fluido. Si no es así y tus mensajes quedan vistos, ignorados o relegados, y no practicas el “hasta luego, Mari Carmen”, revisa tu valoración. De igual modo, si tus vínculos se centran en las redes sociales y distintas Apps, revisa tu nivel de compromiso.

-Si ya estás en una relación, una forma de ser objetivos es observar tus propias redes, ¿ahora solo te gusta lo que le gusta al otro? ¿Has desaparecido y cuanto publicas o compartes se centra en esa persona, sus aficiones o lo que hacéis juntos? ¿Dónde has quedado tú? ¿Revisas sus publicaciones, estados y conexiones? Estas cuestiones te ayudarán a no disolverte en el otro, y a respetar  y cuidar tu propia individualidad e identidad.

¿Cómo saber si estás en una relación tóxica?

Si los términos están claros, no hay toxicidad, manipulación, ni engaño. Pues puedes conocer a alguien que te confiesa no estar en su mejor momento o no querer una relación, y en sus vínculos e interacciones lo único que pretende es obtener apoyo durante su proceso personal. También puede aclararte lo que quiere y lo que no y aceptar, es una decisión tuya que define lo que también quieres tú; no te engañes.

Detectando patrones tóxicos

-Su estrategia de seducción consiste en “regalarte el oído” y alimentar tu ego.

-Aparece y desaparece de forma intermitente.

-No sabes qué puedes esperar de esa persona.

-No te da un lugar en su vida, lo cual se traduce a una una zona de privilegio, intimidad o exclusividad a la que puedes acceder libremente.

-Se presenta en momentos puntuales para corroborar que tiene poder sobre ti, pero no está en lo cotidiano.

-Si realizas cualquier tipo de demanda e intentas iniciar una negociación te falta al respeto como si la cuestión fuera fruto de una tara personal insultando tu inteligencia.

-Su mecanismo de defensa consiste en darle la vuelta a todo tomando el papel de víctima.

-Tus emociones oscilan en una curva sinusoidal que, poco a poco, va ganando intensidad.

-La persona se convierte en veneno y antídoto a la vez. Los momentos buenos, son excelentes, pero las caídas empiezan a ser, progresivamente, más duras.

-Cuando el otro confirma el enganche emocional, cae la máscara mostrando su permanente hambre y sed de poder que se torna inagotable al atender exclusivamente a su ego yéndose en busca de la siguiente presa o dando un paso más en el juego de poder: la agresividad y el maltrato. Es en ese momento cuando empiezas a hacerte responsable del cambio ajeno, generando culpa y obsesión, pues no entiendes qué ha pasado, qué ha motivado que alguien que se mostraba tan encantador, romántico o apasionado haya perdido el interés de forma repentina o te comience a tratar con desprecio e ira, por lo que te señalas como la causa o “problema”, fijando toda la atención en ello para lograr descifrar en qué fallaste, donde erraste o te equivocaste.

 

Si ya estás inmerso en una relación tóxica, es decir, en una relación de dependencia, en la que existen jerarquías

-Afronta el miedo a que esa persona se aleje, se vaya y no forme parte de tu vida.

-Racionaliza que en el momento en que esa persona ya no esté, será mucho más lo que ganas que lo que pierdes, pues te habrás recuperado a ti y todo lo que ello supone.

-Percibe el dolor no como algo negativo, sino regenerativo, como un maestro que te hará ganar en fortaleza confiriéndote todo el valor que mereces y merecen tus sentimientos, emociones, ilusiones y metas, ya que cuando integras esta perspectiva, todo cambia.

-Si crees que necesitas ayuda o apoyo para salir de esa relación, solicita ayuda a tu entorno o de un profesional.

 

Siempre es mejor prevenir que lamentar, cuando sientas que deseas estar con una persona para ser feliz con ella, y no por ella, ahí estarás preparado para iniciar una relación.

-Concédete el tiempo y margen que necesites antes de zambullirte en una nueva relación. Asegúrate de no llevar una mochila de reproches e inseguridades a cuestas.

-Si te sientes vulnerable, débil, desvalido, abandonado, utilizado, solo, o no atraviesas un buen momento a nivel emocional: no inicies relaciones, pues no serán sanas. Es imprescindible curar las heridas, integrar el momento personal, recuperar la confianza e incluso acudir a terapia si así lo consideras.

 

Una persona sana busca y atrae personas sanas. Una persona equilibrada, mantiene relaciones equilibradas.

 

-No caigas en las típicas trampas del ego que pretenden “cambiar al otro”, salvarlo, y toda clase de autoengaños fruto del encaprichamiento, el cual confunde necesidad con deseo, tratando incluso de ajusticiar lo que consideras un daño a la autoestima, una deuda emocional que saldar con el ego, porque esa persona te hizo daño y lo tiene que pagar.

-No confundas autoestima con ego, pues la autoestima y el merecimiento hacen que cuando se detecta alguno de estos patrones, salgas corriendo y solo mires atrás para ratificar tus percepciones sin menospreciar a nadie.

 

Cuando amas con miedo, vives en la necesidad. Cuando amas con libertad, vives en la verdad.

 

Recuerda que en las relaciones y vínculos sanos no existen jerarquías ni juegos de poder, que nadie está en situación de dependencia o necesidad, que los dos miran al frente y ven el mismo horizonte, ninguno anda delante o detrás del otro, sino a la misma altura, y que, para ambos, ese es su propio ritmo natural.

 

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Se recomienda la lectura de los artículos: Necesidad versus deseo, Eres mío/a.

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