El inicio de lo nuevo pasa por un no lugar

Los griegos contaban con más de ocho palabras para referirse al amor, nosotros solo tenemos una. Alguien me comentó una vez que los esquimales hacían gala de catorce palabras diferentes para referirse a la nieve, no sé si es cierto, no conozco a ningún esquimal.

Amamos el mar, la montaña. A nuestros hijos, a los animales… No es de extrañar que la palabra sea tan cargante e incluso llegue a intimidar, porque el amor lo engloba TODO y lleva en sus costuras infinidad de verbos, hasta viajar en soledad.

Hay una historieta de Jules Feiffer en la que en el primer cuadro se ve a un hombre en posición fetal, enroscado en una concha y repitiendo: “Vivo en una concha”. En los dibujos siguientes se contempla que la concha está en una caja dentro de una cueva que forma parte de un castillo protegido por una fortaleza rodeada de gruesos y enormes muros en el fondo del mar. En la siguiente ilustración se observa una mujer en un bote de remos en pleno océano. Y en la última viñeta, aparece nuevamente la imagen del hombre diciendo: “Si realmente me amaras, me encontrarías”.

No existe una manera ideal de establecer una relación. Lo que le funciona a una persona no le dará resultado a otra. Lo que es válido durante un periodo de la vida no lo será tras haber crecido y estar en pleno proceso de individuación o ser alguien que “ha nacido dos veces”. No deberían existir normas estrictas relativas a lo que está bien o mal para nosotros, en la vida o en las relaciones. Pero si cambiamos, necesitaremos dar cabida a estos cambios, porque como es adentro es afuera, en lugar de obstinarnos en sofocar nuestro crecimiento en aras de la seguridad y del empeño por mantenerlo todo tal y como siempre ha sido. Me cuestiono si realmente “vale la pena” no morder la manzana y despegarnos de nuestro trasfondo básico con el fin de continuar dando vueltas sobre lo mismo hasta marearnos repitiendo que “ese algo” es demasiado incontrolable, grande, bueno (que cada cual inserte aquí el temeroso adjetivo que le brinda la oportunidad) y preferimos lo conocido, por muy “estrecho” que nos quede. Y cada vez que utilizo ese adjetivo, viene a mi mente la langosta cuando muda el exoesqueleto, porque las langostas, también crecen.

Tanto el huésped como el parásito se sienten atraídos por la destrucción recíproca. Una destrucción que, en la mayoría de los casos, no implicará evolución alguna, solo muerte y tragedia para seguir balbuceando “la crueldad de la existencia”. Pero todo depende del objetivo en la vida: quedarse en el Edén inconsciente o morder la manzana y perder la inocencia y la simplicidad renunciando a la paz y la tranquilidad en pro del cambio, y del riesgo. Un revoltoso aletear que Robert Frost describe de forma sublime en el poema The road not taken o Scott Peck en su obra The road less traveled. No existen senderos equivocados, la cuestión es cuál es la opción correcta para cada uno en ese momento, aquí y ahora. Hay números pares e impares; maestros. Piezas cuadradas que no encajan en agujeros redondos, gente que tiene que encontrar su propio camino. El agápē, la palabra griega que describe un tipo de amor que es más amplio y universal; un amor a la verdad o a la humanidad.

La misma persona que me habló de la nieve y los esquimales también me dijo que cada cual tiene lo que se merece, ni más, ni menos. Pero eso ya, es cosa del karma; e-lecciones.

Ya no vivo en una concha, ya no vivo en una concha, ya no vino en una concha… Y navego en pleno océano, en pleno océano, en pleno océano…

 

El fin de un mundo, o minimundo en este caso, siempre es el inicio de un mundo nuevo. Y este tiene una puerta de embarque donde llegas y te vas arrastrando una maleta. Es un poco de paso, algo improvisado, imprevisible y original. Muy libre, con cero barreras y techos altos. Quizás se expande para comprimirse, a saber… Pero es muy… Tiene cajas de libros y vinilos, la cama a ras del suelo y las bombillas colgando del techo. Ausencia de muebles y lo justo para navegar entre silencios.

 

 

Imagen, El inicio de lo nuevo pasa por un no lugar.

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