El efecto rebote

 

Conocemos el efecto rebote por las dietas, y tal vez, por el consumo de fármacos. Pero también existe un efecto rebote a nivel emocional, en las relaciones e incluso en los pensamientos.

Los pensamientos reprimidos pueden resurgir o manifiestarse en el futuro en forma de sueños tal y como demostró Daniel M. Wegner en su experimento del oso blanco sobre los efectos de la supresión de pensamientos. La respuesta inmediata de la mente ante determinados pensamientos o recuerdos es tratar de olvidarse de ellos, desterrándolos y empujándolos hacia el subconsciente. Pero estos regresan, la teoría de Wegner explica que los deseos reprimidos durante el día encuentran su expresión en los sueños, manifiestando un rebote de pensamientos.

El rebote queda demostrado en otros estudios de investigación similares en los que se observó que los resultados eran los mismos aún cuando a las personas no se les ordenaba directamente suprimir determinados pensamientos, sino que se los animaba a hacerlo a través de formas sutiles de manipulación. A esto se le denomina Efecto Rebote Post-Supresión.

A veces, se utiliza la supresión de pensamientos incluso sin saberlo, siendo más evidente en quienes tratan de superar una adicción o comienzan una dieta, pues la supresión de pensamientos para combatir la ansiedad, suele llevarles al rebote y por ende, a un antojo o deseo más fuerte en forma de recaídas, que el aceptar y canalizar la ansiedad sin represión. (También podemos encontrarnos supresión de pensamientos en los casos de recuerdos intrusivos y depresión).

Cuando trabajamos con el ego, la sombra, alguna pauta o patrón negativo, Plutón o el término que según creencias se quiera utilizar, sucede exactamente lo mismo. Es como si encerráramos a una bestia en un sótano, no le diéramos de comer y cada día tuviéramos que cerciorarnos de cerrar bien la puerta para que no se escape. Mientras la bestia está encerrada, no hay nada que temer, pero no siempre podremos mantener el estado de alerta y en un despiste dejaremos la puerta abierta o la bestia la derribará a golpes. Imaginen qué haría esa fiera hambrienta si logra salir. Luchar contra ti mismo, emociones, sentimientos y pensamientos, es un desgaste energético, psicológico, emocional y físico sin sentido, porque como mínimo siempre vas a perder.

El efecto rebote puede ir más allá y dar lugar a las relaciones rebote, comportamientos rebote o adicciones rebote. Es muy fácil apreciarlo en las personas que dejan de fumar y el aumento de peso al sustituir el tabaco por alimento. De igual modo sucede con otro tipo de comportamientos e incluso con las relaciones cuando alguien nos rechaza, no nos sentimos correspondidos, nos abandonan o una relación termina.

El amor se inicia con una ilusión espontánea que cambia la vida. No obstante, la confusión puede estar reinando en tu cabeza mostrándote que algo no va del todo bien. Y es que eso de que un clavo saca a otro…

“El clavo que entra de verdad, ese agujero perfecto por donde si entra el aire es a suspiros, no sale jamás. Solo el tiempo es capaz de conseguir que la piel no perciba su presencia. Que acaricies la ausencia y se llame cicatriz.”

Ernesto Pérez Vallejo

Es necesario pasar por la fase de duelo requerida tras una pérdida emocional importante.

Si no se ha dado el tiempo necesario para asumir lo que ha pasado, digerirlo y curar la herida, pues toda ruptura -independientemente de quién deje a quién y los motivos, rechazo u abandono-, es una pérdida. Sumergirnos en una nueva relación (relación rebote) supone buscar una nueva experiencia que facilite el proceso, en lugar de aceptarlo e integrarlo, pues el dolor forma parte de la vida.

Dado que tenemos sentimientos, requerimos del tiempo suficiente para ubicar lo que nos acontece y darle cabida en nuestro interior. De hecho, cada persona que pasa por nuestra vida tiene su lugar en nuestro corazón y es un error intentar que otros la sustituyan.

Cuando caemos en ello, nos autoengaños y por ende, engañamos al otro: las relaciones rebote son una máscara que esconde una manera de paliar falsamente necesidades personales. En el fondo lo que hacen es poner más peso a la carga que ha supuesto la pérdida y que no actuemos de forma honesta y consensuada.

Las consecuencias del efecto rebote implican, por tanto, a ese nuevo amor; pero, sobre todo, a nosotros mismos.

Es preciso permitir que el dolor se manifieste para evitar el sufrimiento y así darnos una verdadera oportunidad amorosa. Porque todo llega cómo, cuándo, dónde y con quién ha de llegar.

De la novela, ¿Dónde está el hombre de mi vida?

Si, por otro lado, crees que es la otra persona quien se encuentra en esta situación, sé prudente, no corras antes de andar y honra tus emociones, sentimientos y quien eres. Observa y conoce bien lo que siente y entrégate únicamente cuando estés seguro de que el vínculo que se ha creado es sano para los dos: ten en cuenta que puede que esa persona no esté del todo bien para decidir lo que quiere todavía, y que estar confusos es humano. Pero en momentos de confusión, no hay que hacer mudanzas.

En todos los casos, el efecto rebote es un atajo que al final nos devuelve al punto de partida, una forma ilusoria de creer que seguimos adelante, algo muy similar a la retrogradación de los planetas en el cielo, un efecto óptico.

Cuando sentimos un vacío o dolor, solo nosotros podemos llenarlo, aliviar el malestar y recomponernos. Y esta es la base para aprender a vivir contigo mismo, de tenerte primero para darte después.

Imagen de Zdzisław Beksiński, quien jamás bautizó sus obras.
La psique más oscura del ser humano acompaña con detalle los sueños de su imaginación al óleo con una escala y precisión meticulosa.

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