Eclipses Leo

Eclipses Leo/Acuario III Consciencia nodal

Este sábado 27 de julio viviremos uno de los eclipses más fascinantes en mucho tiempo y no porque se trate de un eclipse total de Luna, porque se produzca con la conjunción a Marte retrógrado (un efecto óptico) y sea una sicigia con la que podremos deleitarnos o la Luna adquiera un tono rojizo espectacular, sino porque su duración será de una hora y cuarenta y tres minutos, lo que convierte a este eclipse en uno de los más largos del XXI. Si unimos todos estos datos y le sumamos que será el último eclipse en el signo de Acuario, el cual ocupa el Nodo Sur, astrológicamente, nos queda “claro”, por fin, qué es lo que tenemos que soltar, pues desde el 18 de agosto de 2016 estamos trabajando en ello.

¿Y en qué hemos estado trabajando exactamente?

Eso depende mucho de las Casas, esferas vitales, donde se hayan producido los eclipses, si ha afectado a luminarias, si se es Leo, se tiene la Luna en Leo, el Ascendente, planteas personales, o los nodos se hallan en dicho eje. Pero en general, podemos decir que nuestro objetivo ha sido ir hacia lo auténtico, hacia aquello que brilla en nuestro interior con luz propia; la luz de nuestro corazón. Leo, el signo del Sol, nos ha invitado a ser genuinos, a recuperar al niño interior, a divertirnos, a crear, a amar lo que hacemos y a disfrutarlo plenamente irradiando con ello, luz al mundo, y contribuyendo a través de nuestra individualidad y originalidad al colectivo. Así mismo, Acuario nos ha exigido soltar, desapegarnos de grupos en los que nos escondíamos, a despedirnos de amistades con las que nos habíamos estancado, a decir adiós a lo que nos era conocido y con lo que, de alguna manera, nos identificábamos mostrándonos que nos resignábamos a vivir infelices porque nos asustaba el cambio, que todo quedara reducido a ruinas. Pero las ruinas son un auténtico regalo: el camino a la transformación, al futuro.

Mis ojos han acariciado las viejas heridas que supuran en medio de urbes erguidas entre montañas de acero. Mis pupilas se han deleitado con las muescas de lo que en su día fueron famosos imperios. He visto los restos de miles de batallas y pilares que han sostenido culturas distintas. Palpado la vida que rezuma de lustrosos mármoles y piedras… He sentido los eones de historias que han presenciado; las innumerables lágrimas, los infinitos besos, los cientos de despedidas, los ríos de sangre, reencuentros, amores secretos, punzantes venganzas y amargas traiciones de finales dantescos.

He exhalado las ruinas llegando a comprender el futuro.

Contemplar el caos que han soportado, la forma en que han sido saqueadas, incendiadas, vejadas y luego hallado el modo de volverse a levantar; ha sido un regalo. Pues al igual que Roma, con grandes heridas abiertas por doquier que recuerdan su pasado, continúa creciendo, transformándose sobre sus propias ruinas, nosotros; también lo hacemos.

Somos hijos del hábito, de costumbres, nos apegamos a lo conocido y lo abrazamos con fuerza. Nos conformamos con ser infelices porque nos asustan los cambios, que todo quede reducido a ruinas. Pero las ruinas son un regalo, un auténtico regalo. Son el camino a la transformación, al futuro. Nos muestran que es posible que las guerras y batallas; la tristeza y desencuentros, den paso a la euforia de la evolución. A la comodidad del pantalón vaquero frente a la armadura. Al ave fénix.

Esas bellas cicatrices conmemoran un tiempo que nunca será mejor que hoy, ni mañana, pero que será vital en la historia para entender su evolución.

Las ruinas me han hecho creer, aún más si cabe, que la única constante en la vida es el cambio. Que en cada uno de nosotros existe una renovación incesante, pero que nunca, jamás, podemos olvidar nuestro origen, nuestras raíces, esos pedazos arqueológicos de nuestro pasado que gritan quienes fuimos para ser quienes somos ahora.

Mientras la tierra duerme, próximamente a la venta.

Probablemente, la expectativa generada sobre algo o alguien, proyectos o metas, se ha mantenido en el tiempo, lo cual hace que se produzca un estancamiento ante la negación a aceptar que algo tocó a su fin o que no será, pues estamos modificando a presente para crear un nuevo futuro. Y el eclipse de Luna en el signo de Acuario, dejará muy claro aquellos hábitos, patrones, formas de pensar, creencias, personas, actividades, relaciones, trabajo…, que sea necesario dejar atrás para avanzar, pues en este maravilloso viaje llamado vida, es precisamente el viaje lo que importa, de ahí la relevancia de aligerar nuestro equipaje con el fin de movernos con soltura.

No siempre un final implica una ruptura. La energía no se crea ni se destruye; se transforma y en muchas ocasiones, las relaciones, el trabajo, el día a día, pasan a otro nivel, a otro estadio que resulta novedoso y nos saca fuera de la zona de confort, y de control, presentando nuevos retos y desafíos. La presencia de Urano en Tauro, focal de una T cuadrada en este eclipse, nos indica que una venda se cae y esto también puede tornarse doloroso, pues “darse cuenta”, lo es.  (Para leer “¡Qué duro es darse cuenta!” click aquí)

Durante todo este tiempo, los obstáculos con los que se haya encontrado el Sol natal, han tenido que ser afrontados, pues el objetivo ha sido, desde un inicio, brillar desde el corazón. Pero mientras se producen los eclipses y los nodos se van moviendo por el axis, vivimos momentos de confusión y hasta que ese tránsito no finaliza, no siempre llegamos a entender el para qué de tales vivencias.

El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos caminos, sino en tener nuevos ojos.

El eclipse total de Luna en Acuario supone fase final de un ciclo que comenzó durante el novilunio y eclipse en dicho signo, un momento para celebrar la cosecha y disfrutar del fruto; del resultado.

El eclipse parcial de Sol del próximo 11 de agosto nos permitirá sembrar la intención y trabajar durante los próximos seis meses, hasta la culminación con el plenilunio en Leo el 21 de enero de 2019, en nuestra identidad, cerrando dicho ciclo y, también, el Ciclo de Saros, pues los ejes nodales ya estarán ubicados en el axis Cáncer/Capricornio. La evolución se hace notar y ya nos resulta inconcebible identificarnos con ciertas causas, personas, hábitos, pasatiempos, pues nos hemos abierto e ido avanzando hacia todo aquello que hace latir nuestro corazón sin que nos importe lo que otros piensen u opinen reconectándonos con nuestra verdadera identidad y poder creativo.

En general, para el signo de Leo, cualquier eclipse de Sol es algo a tener en cuenta, pues su regente se eclipsa. No obstante, para los Leo, esta serie del Ciclo de Saros ha sido especialmente intensa, y muchos cambios han hecho que Leo se sitúe en otro punto, llegando a conocerse más y mejor. La mayoría mira de lejos al lugar en el que estaban hace dos años y ya tienen bastante claro hacia dónde quieren dirigirse y sobre todo, adonde no regresarán. Y no por orgullo, o soberbia, sencillamente, para Leo, el pasado, pasado es, y si algo caracteriza a este signo es el proceso de individuación, pues cuando descubre quién es, su valor y poder creativo aclarando qué o quiénes drenan su energía, no titubea en echar garra de su amor propio, fortaleza, confianza y valentía para ir por su cuenta hacia aquello que hace latir su corazón llenándolo de vitalidad, alegría y pasión.

En el signo de Leo hay algo que brilla con luz propia, el Sol, de ahí que para la astrología védica sea el único signo en el que el astro rey pueda crear y desarrollarse en todo su esplendor, ya que se halla en domicilio. Una vez se recupera la verdadera identidad, divina y creadora, es posible aportar al colectivo y a la humanidad, pues a través del amor propio alcanzamos el ágape; el amor a la verdad, al universo.

Para amar, hay que desenamorarse del amor. Amar lo suficiente a otra persona para permitirle que sea quien es. Un sentimiento que promueve el despertar por aquel que despierta. 

Y eso es lo que nos han venido enseñando ambos signos, en este tránsito, llevándonos hacia nuestra luz interna para SER quienes somos realmente y no como les gustaría a otros que fuésemos. Sin escondernos ni avergonzarnos de nuestros gustos y aficiones. Desechando tanto las etiquetas como los deseos ajenos, confiando en nuestro potencial y fortaleciendo nuestra voluntad. No vinimos a este mundo a agradar a los demás, sino a SER y experimentar y en nuestro andar nos rodearemos de todos aquellos que vibran de un modo afín para despertar del sueño, pues en realidad, todos somos uno.

Con el eclipse total de Luna en Acuario el 27 de julio, cerramos, soltamos y vacíamos. Y con el eclipse parcial de Sol en Leo, el 11 de agosto, iniciamos, emprendemos y creamos.

Ambos signos, integrados y en equilibrio, nos permiten ser auténticos, movernos con instantánea velocidad en lo abstracto conectando con una genuina creatividad, única y divina que expresa al niño interior dentro de un todo, como ciudadanos del universo, cuyo hogar es el corazón, y el cielo, entendiendo a través del rugido de un relámpago, que el principio y el fin, creatividad e inteligencia, proceden de un mismo lugar y que todo principio vital conlleva cierto caos y drama, pues el mundo de las ideas y del arte es un vasto continente que si no se vive no se siente, y quien no siente no entiende. Y nos ha tocado vivir para saber.

¡Feliz eclipse!

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