Decepción y desilusión

Cuando alguien expresa que está decepcionado con algo o con alguien, está haciendo una declaración de inmadurez, ya que si se decepcionó es porque esperaba algo y quien espera algo carece de madurez.

La madurez consiste en ver las cosas cómo son, tal y como se presentan y según cómo se presentan se desarrolla la actitud frente a ello: bien sea ayudar, servir, actuar o no hacerlo para que todo evolucione.

Si somos imparciales, seremos capaces no sólo de aceptar cuanto se presenta, sino de reconocer la oportunidad que todo trae consigo, pues si estamos en la vida para evolucionar, todo cuanto sucede es parte de ello y no hay cabida para la decepción.

Nadie puede dar más de lo que tiene, ni más de lo que es, de igual modo que un peral no puede dar manzanas. Esperar que alguien actúe de una determinada forma o que algo se resevuelva de equis manera, es tan absurdo e insensato como contar con que el rosal que plantamos dé uvas.

Cuando mantenemos una posición madura, estamos ante la realidad, constatamos esa realidad, aceptamos lo que viene, lo que se va y no hay lugar para decepción alguna.

La desilusión lleva ímplicito el autoengaño: la persona alimenta una fantasía, algo que no se corresponde con la realidad, de hecho, en muchos casos, el autoengaño es una forma automatizada (aprendida a raíz de un hecho malinterpretado a nivel mental) de huir de la realidad, un patrón de escapispo para no afrontar aquello que provoca miedo, pánico, inseguridad, incertidumbre… y que paradójicamente genera más miedo, inseguridad, incertidumbre, ansiedad; una castrante, recalcitrante y limitante cristalización en conductas autodestructivas que desligan de la verdadera Identidad, Esencia, Yo Superior, Espíritu/Alma… caracterizada por la falta de confianza, paz y alegría.

Si bien la decepción pertenece al plano mental, la desilusión corresponde al plano emocional. Tanto la una como la otra se presentan para ayudar a la persona a ver la realidad, o para ver las cosas tal y como son. Sólo es posible desilusionarse si se pretende que las cosas sean tal y como uno desea (astral-emocional, cuerpo del deseo), lo cual es bastante básico y primitivo, inmaduro, puesto que las cosas simplemente son, son como son, y ya.

En el momento en que se generan expectativas o se espera algo, surge la no aceptación y el posterior choque con la realidad. Y hay quien pasa toda su vida chocando con la realidad y negándose a verla.

Decepción y desilusión pertenecen a distintos planos, pero en su raíz se trata de la misma ignorancia. Por ello,

“cuando seáis tomados por la desilusión, agradecendla y entregaros a la evolución”.

Amhaj

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