Cuestión de fe

Las decisiones con consciencia duelen, pero se integran mejor que los acontecimientos inconscientes.

Los pensamientos solos no bastan y tampoco ellos se muestran completamente precisos o transparentes hasta que se expresan a través de la palabra. Hay que alinearlos como soldados y palos del telégrafo, preparar una vía, tender los puentes y viaductos, construir las pendientes, las curvas, establecer paradas en determinados puntos y, solo entonces, se aclara todo. Un trabajo de lógica, de concatenación de ideas para que no anden errantes al azar. Algo tan lento como desconcertante para quien acostumbra a entenderlo todo con un relámpago único. Pero no todo es vida o muerte; silencio o ruido.

Conectar con nosotros mismos a menudo significa ser desleal a nuestra historia familiar y esto sí que es un verdadero drama humano. Cómo ser YO sin continuar con la culpa y el dolor familiar.

Aquello que activa la parte más oscura de nuestra naturaleza realmente es un preciado tesoro, pues nos pone en contacto con la complejidad de nuestra psique y las inmensas posibilidades con que contamos si no nos ubicamos en el manido rol de víctima que navega en el mar del engaño siendo arrastrada en su huracán de impotencia y rabia como una viruta… o en el de un verdugo que cual párroco de pueblo asusta a sus feligreses con el infierno y tormentos dantescos de puro sabor literario.

El reconocimiento de nuestros miedos es una parte vital en nuestro desarrollo: “el miedo llega cuando nos acercamos a la verdad”, la toma de consciencia genera nuevos miedos, inevitablemente, pero la fe es lo que debemos cultivar si queremos seguir adelante con firmeza, confiando en nosotros mismos y en lo que venga. No podemos ni debemos controlarlo todo, y una de las lecciones más  valiosas es que a veces lo que ES deja de ser, porque existe un plan mucho mejor que está fuera de órbita, pero que impactará con el fin de liberarnos de las cadenas auto-impuestas para “emancipe yourself from mental slavery”.

Imagen, Tú decides.
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