Ama la vida, vive amando y, solo así, vivirás

 

 

Hallar aquello que eleva a obra de arte tu existencia es tan extraordinario que resulta absurdo titubear. Un sueño, una ilusión, una meta… Parece que solo es posible perder lo que ya es, algo que se ha materializado y por tanto es real y no aquello que aún no es, aunque podría ser. Es mío, tuyo, nuestro, pero lo que aún no es, es solo “una oportunidad”, “una idea”, “un tren”…

Ni siquiera el “no” ya se tiene, pues incluso un “no” hay que ganárselo y el fracaso, forjarlo. No obstante, a día de hoy cuesta encajar ese concepto, pues es en el esfuerzo, la constancia, el trabajo y las ganas, donde reside la dignidad, el valor personal, la autenticidad, el respeto, lo que se es y es de verdad, y no en el éxito.

El ego extiende cheques imposibles de pagar que acaban por embargar el día a día, puede ganar muchas batallas, pero al final perderá la guerra de la vida.

Si en lugar de proyectar, de medirnos en función de logros, posesiones o del reconocimiento, nos cuestionáramos a nosotros mismos y evaluáramos nuestra capacidad de vivir, de amar, sería muy distinto: si sentimos cada instante, si saboreamos el plato, si disfrutamos preparándolo, si exprimimos cada momento; si brindamos. Qué damos, cómo lo damos y hasta si nos entregamos.

Cuando realmente sientes la vida, jamás piensas en los caminos que no escogiste ni transitaste, en lo que no hiciste.

Existe una gran diferencia entre quien actúa para lograr algo y quien hace ese algo porque lo ama.

Poco o, más bien, nada importa lo que otros piensen, es solo ruido. Apaga la tele, cambia de canal, baja el volumen, tápate los oídos, olvida los conceptos de supermercado sobre el éxito y el fracaso; ama la vida, vive amando y, solo así, vivirás.

 

Imagen, A brindar.

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