Al otro lado del miedo, el amor. Relaciones

Al otro lado del miedo; el amor

 

El principal problema no es que no se pueda, sino que no se quiera lo suficiente. La mayoría de las cosas que hacemos o dejamos de hacer no se basan en su dificultad, sino en la falta de amor. Tener una relación es fácil, amar no. El que ama, arriesga y el que arriesga, ama. Y a eso es a lo que hago referencia cuando insisto en que el mundo es de los que tienen los miedos justos para ser valientes. Los valientes toman partido, eligen, se hacen responsables, crean su destino. Son optimistas y no solo ven lo bueno, sino que lo persiguen. Una persona así solo puede hacer tu vida más rica. Y el corazón no es hogar para cobardes, pues un corazón que se precie es valiente aun teniendo miedo y es un verdadero hogar.

 

Quizás, hayas dejado de buscar ese amor intenso, dramático, imposible o desgarrador de los veinte años o al esposo/a perfecto/a que te espera al abrir la puerta de la vida que has blindado con un seguro de hogar a todo riesgo. Quizás, te hayas percatado de que entre ambos extremos existe el perfecto equilibrio, y que uno engloba al otro, y viceversa. Que no se vive nada como una renuncia cuando existe amor y se es valiente para sentir con y consentir ese amor. Quizás ya sabes de sobra que incluso las cosas que salen mal requieren de un tiempo mínimo para deteriorarse y que no alimentarse de ese mínimo tiempo es lo más parecido a estar muerto por dentro. Quizás, te diste cuenta, al fin, que todo eso que buscabas estaba más cerca de lo que pensabas, al otro lado del miedo. Y es que para conjugar el verbo amar hace falta arriesgar.

“Ahora sé que el miedo es el peor mal de la humanidad, el que hace que todo se estanque, que no evolucionemos, que sigamos a la multitud. Ahora sé que el antónimo del amor, no es el odio, sino el miedo”.

De la novela ¿Dónde está el hombre de mi vida?, Dácil Rodríguez.

 

Ser feliz, solo/a o con alguien, es una elección. Nadie merece la responsabilidad de hacer de tu vida una vida plena, salvo tú. Si estás dispuesto a amarte de verdad, con toda tu sombra y tu luz, a aceptar tus partes rotas y sanas, a reconstruirte y deshacerte de todas esas creencias basadas en experiencias que te hicieron perder la fe en el amor, podrás liberarte del miedo y alcanzar la curativa orilla del amor. El amor está al otro lado invitándote a cruzar; y si cruzas, solo puedes ganar.

 

Dedícate tiempo

Escribe, lee, estudia, cocina, canta, baila, dibuja, toca el piano, la guitarra, la batería…, practica algún deporte, pero nunca en modo amateur. Busca eso que te gusta y deja que te mate. Todos hemos errado, más o menos, pero te mereces la misma tregua que das a los demás. Reconcíliate contigo, con tus aficiones, pasiones, sueños, ilusiones, metas… Viaja si quieres y puedes, busca un lugar en el que entenderse sea parte de la aventura y aprende un nuevo idioma o descubre la ciudad en la que vives con los ojos de un censado que es turista.

La pena es inevitable, el sufrimiento opcional

Haz las paces con tu pasado, deja ir aquello que limita tu presente (todas aquellas experiencias que te vaciaron y que arrastras sin darte cuenta dinamitando cualquier comienzo). Baja al sótano y practica cuantas autopsias necesites, entierra los cadáveres, ve a su funeral. Pero no vivas en un duelo constante y te aferres al sufrimiento vistiéndote de luto por lo mal que lo has pasado. Honra siempre a los fallecidos en tu recuerdo para que alcances la paz.

Plántale cara a algún miedo, y no me refiero a tirarte en paracaídas o practicar rope jump, salvo que forme parte de esas cosas que crees que necesitas superar o de las que disfrutes. Rompe una barrera enfrentando algunos de esos temores que duermen bajo tu almohada, atrévete a crecer, a ser la mejor versión de ti mismo y la adrenalina de superarte hará que “le pilles el gusto” a la libertad de ser.

Entrégate a compartir con quien comparte

Habla con personas que no piensen como tú -lee libros de autores que no piensen como tú- y si, después de hacerlo, no has aprendido nada, un poco de bicarbonato para la acidez solucionará el malestar y al hueco en la lista de contactos le rondará un inquilino mejor. Y si la respuesta es sí, estupendo, puede que necesites el mismo bicarbonato, pero habrás ganado en perspectiva.

Cuida y mima a aquellos que forman parte activa de tu vida, a quienes con su compromiso, fidelidad y constancia se han convertido en puntales de tu edificio. Aléjate de los inconstantes, de esas personas que al no poder controlarte manipulan cómo te ven los demás y de quienes te exijan con sus aparentes consejos cómo debes ver a otros.

No hagas lo que te gustaría que hicieran por ti. Prueba a hacer a otros lo que les gustaría que hicieran por ellos y no hacerles lo que te gustaría que ellos hicieran. Es mucho más complicado, sí. Requiere invertir tiempo en contemplar a alguien y ser generoso. Pero la vida es mucho más bonita si se hacen pequeños esfuerzos y aprender a dar es tan importante como aprender a recibir. Ayudar a los que lo necesitan está muy bien, aunque lo mejor es ayudarles a que no te necesiten sustituyendo esa necesidad por las ganas de compartir.

Confía, arriésgate

Aprende a amar a los demás del mismo modo en que tratas de amarte a ti. No generes expectativas, ni obligaciones, sencillamente mira al frente y sabrás si el otro está a tu altura. Camina y observarás si el paso es afín, es la única forma de no agotar tus fuerzas si alguien va más rápido o aburrirte si avanza con lentitud. Todos podemos pararnos a esperar o lanzarnos a un sprint, pero puntualmente. Hay que nutrirse en el contacto con las similitudes y diferencias, pero no desgastarse ni acomodarse en ellas, pues la ley de Newton se cumplirá te guste o no.

Separa la paja del grano

No creer todo lo que ves, leyes u oyes, está bien. Pero ve un paso más allá y trata de diferenciar lo que es real y lo que no para quedarte con aquello que sea válido y constructivo, todo lo tiene. Así podrás enriquecerte constantemente y desapegarte del sufrimiento que lleva implícito el mundo en su girar.

Protege tu intimidad

La base de cualquier relación, personal, familiar, laboral, social…, es el respeto. Sin respeto, la interacción se tiraniza. Y esta tiranía aumenta en cuanto se acortan las distancias y aumenta la intimidad emocional. Las experiencias de otros o sus criterios no deben ser condicionantes. Si existe respeto, existe libertad e individualidad para decidir. Nadie que te invite a caminar y te cercene en cuanto avances unos pasos estará respetándote. Hay quien, inconscientemente, proyecta su luz como un foco sobre otros con el objeto de establecer dependencias y la retira puntualmente asegurándose de transmitirle que sin su luz, no es capaz de brillar. No permitas que terceros opinen o decidan lo que quieres, a quién amas, quién eres o adónde vas. Protege tu intimidad.

El amor se viste de responsabilidad sin exigencias, se marchita si no existe reciprocidad y se impone al otro un estilo de vida o forma de actuar. Implica aceptación y también ciertas concesiones, pues se cimenta en sus pilares para alcanzar un acuerdo en el que todos ganan y nadie pierde.

Las relaciones e interacciones sanas se basan en el respeto a la individualidad en colaboración y la comprensión de la fusión en las diferencias.

Es inevitable sentir miedo, pero este te invitará a ser valiente y el amor, más fuerte. 

Es más simple de lo que parece, no te compliques.

Hacer una lista mental de lo que quieres, establecer un orden mientras te boicoteas a ti mismo renunciando a parte de lo importante, a lo que realmente llena de magia tu vida, y tu alcoba, no te ayudará. 

Vigila y cuida tus pensamientos. No insistas en “lo negativo” hasta agotar tus fuerzas, pues eso es, verdaderamente, lo que te separa de todo aquello que has querido siempre a través del miedo. 

Ya dijo Platón que no existe ser humano tan cobarde como para que el amor no pueda hacerlo valiente y transformarlo en héroe. Así que lo mejor que puedo desearte es que te conviertas en un héroe o en una heroína por amor. Y eso no implica que luzcas un traje impoluto, ningún héroe o heroína que se precie lo hará. Estará lleno de cicatrices -heridas ya curadas-, e incluso sangrando a borbotones -porque regresa de alguna batalla-. Nada de eso definirá el éxito o fracaso, pues un héroe o heroína, en su balance de pérdidas y ganancias, sabe que lo único que verdaderamente se pierde en la vida son las oportunidades.

Imagen, Dándole paseos al mar.

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